domingo, agosto 09, 2009

Revista Filipina (Tomo VII N° 2 Otoño 2003)



REVISTA FILIPINA (ISSN 1496-4538)
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Una Revista Trimestral de Lengua y Literatura Hispanofilipina
Tomo VII No. 2 Otoño 2003
Director: Edmundo Farolán
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EDITORIAL

El 14 de mayo de este año, me invitaron a Francia, a la Université de Bretagne Occidentale, en Brest, para dar una conferencia sobre la literatura hispanofilipina. En la ponencia que hice (reproducida en este número), concentré en sólo dos aspectos de nuestra literatura: la poesía y el teatro.Mencioné en la introducción de esta ponencia, que no era posible hablar dentro de una hora sobre todos los géneros y autores de la literatura hispanofilipina.

El embajador filipino a Francia y Portugal, Hector Villaroel, estuvo presente en esta ocasión, junto con el Rector y Vice-Rector de la universidad. Antes de presentar mi ponencia, el Profesor Manuel Montoya habló sobre los planes de su universidad de comenzar un Centro de Investigación para Estudios Hispanofilipinos. Fue una agradable sorpresa para mí cuando mencionó esto, y el Profesor Philippe Cahuzac, Jefe del Departamento de Lenguas Romances, que también dio una ponencia sobre la linguística hispanofilipina, confirmó este gran plan. El Embajador Villaroel en su presentación se entusiasmó sobre este plan, y aplaudió los esfuerzos de los profesores Montoya y Cahuzac de comenzar el Centro Hispanofilipino, el primero en toda Europa.

En este número, publicamos las ponencias de los catedráticos profesores Cahuzac y Montoya ; y después, la mía; luego, un artículo de Guillermo Gómez Rivera, apoyando este gran esfuerzo de estos catedráticos. Incluimos también en este número tres otros artículos: un estudio crítico sobre el gran poeta hispanofilipino, Manuel Bernabé, por el Profesor Manuel García Castellón de la Universidad de Nueva Orleans; un artículo de Tony Fernández sobre Claro Mayo Recto; y terminamos con un ensayo del académico filipino, Antonio Molina (qepd), sobre Filipinas como provincia española

Antes de volver a Vancouver este junio, tuve la oportunidad de pasar por Viena y conocerle a Dra. Angelina Banke, y su marido, Manfred. Dra. Banke es Directora de Osterreichische Rizal-Blumentritt Gessellschaft (Sociedad Rizal-Blumentritt), vinculada a los Caballeros de Rizal de Viena. Me entregó copias de las revistas publicadas por la Sociedad, y me acaba de escribir para decir que harán una traducción al alemán y quizá una dramatización de mi obra teatral, Rizal. Me entregó también un artículo sobre un francés, Gabriel Lafond, que vivió en Filipinas a los principios del s. XIX, y que fue responsable de introducir y cultivar el café. En el próximo número, hablaremos más sobre este francés en Filipinas".--EF

PRESENTE Y FUTURO DE LA LENGUA ESPAÑOLA EN LAS ISLAS FILIPINAS
Philippe Cahuzac, Université de Bretagne Occidentale (France)


Introducción y aspectos históricos

Antes de 1946 las Islas Filipinas conocieron diferentes etapas coloniales : la etapa española (1565-1898) y la etapa estadounidense (1898-1946). En las Islas Filipinas los españoles no encontraron el oro y las especias que codiciaban pero se instalaron durablemente y evangelizaron la plobación haciendo de las Filipinas la única grande nación cristiana de Asia. Al encargarse de la administración del país los españoles difundieron su idioma que aunque erradicado por el inglés hoy, sigue viviendo en los idiomas locales, los topónimos y los antropónimos.

España dejó marcas de una civilización duradera, como una tradición familial firme y un apego profundo a la tierra. En definitiva dejó rasgos de civilización que acerca más las Filipinas a Latinoamérica que a la Asia del Sudeste. La Historia explica que el Archipiélago ocupado por poblaciones indonesias o malesas nunca conoció la influencia civilizadora de la India.

El siglo XV fue el de la rivalidad entre España y Portugal para la conquista de mundos nuevos. El Papa Alejandro VI para evitar graves conflictos ofrece su arbitraje concretizado por el Tratado de Tordesillas (7 de julio de 1494) que reparte el mundo en dos : al oeste del Cabo Verde las tierras serán españolas y al este portuguesas. Sin embargo en Oceanía la línea de separación pasa por el medio de Australia y el oeste de la Nueva Guinea haciendo de las Islas Filipinas tierras portuguesas.

En realidad la rivalidad tuvo lugar sobre todo en Las Molucas, zona rica en especias. En 1519 Magallanes propone a Carlos V una expedición para Las Molucas que consideraba como españolas. Su fantástico viaje fue relatado con muchos detalles por Antonio Pigafetta en su Primer viaje alrededor del mundo 1519-1522. Después de descubrir la Isla de los Ladrones (futuras Islas Marianas que fueron ocupadas por los Estados Unidos a partir de 1898), descubren el Archipiélago de San Lázaro (futuras Filipinas) en octubre de 1521.

Por fin descubrieron Las Islas Molucas y Timor. El viaje fue acabado bajo la responsabilidad de Sebastián del Cano en septiembre de 1522 en razón de la muerte de Magallanes unos meses antes en las Filipinas. Este viaje fue un éxito pues una nueva ruta hacia las especias había sido establecida. Después hubo hubo otras expediciones hacia estas tierras, en particular la de Villalobos que dio el nombre de Filipinas al Archipiélago de San Lázaro.

Felipe II mandó organizar una expedición al Virrey de La Nueva España que la confió a López de Legazpi, alcalde de México . Durante esta espedición se realiza la conquista de Cebú (27 de abril de 1565). La conquista de Luzón y la fundación de Manila, nueva capital del Archipiélago se realizaron unos años más tarde (24 de junio de 1571). En Cebú fue donde la influencia española empezó a penetrar las Islas Filipinas .

España oganiza la vida del Archipiélago creando un estado fuertemente centralizado dirigido por una Real Audiencia . El territorio dependía de la autoridad del Virrey de La Nueva España. Así las Filipinas fueron durante tres siglos la colonia de otra colonia. La evangelización fue también un reto para la Iglesia. En menos de medio siglo el Archipiélago fue cristianizado a excepción de las regiones del sur fuertemente islamizadas. Los españoles decepcionados de no haber encontrado el oro y las especias iniciaron un comercio marítimo que hizo de Manila el centro de intercambios entre la China y el Occidente.

En el siglo XIX la subida de los nacionalismos y la necesidad de reformas mal comprendidas por España desencadenó movimientos revolucionarios. La crisis de Cuba en 1898 y la guerra entre España y los Estados Unidos tuvieron por consecuencia la caída de Manila (Tratado de París 10 de diciembre de 1898) y la cesión de las Filipinas a los Estados Unidos que ocuparon el país hasta 1946 (sin contar la ocupación japonesa de 1941 a 1946). La Independencia fue proclamada el 4 de junio de 1946.

La lengua española en las Islas Filipinas

Como lo dicen todos los lingüistas y en particular el profesor académico Guillermo Gómez Rivera, todos los habitantes de las Filipinas no tienen el español como lengua materna. El español nunca fue la lengua general del Archipiélago. La distancia de España, el número limitado de emigrantes españoles nunca favorecieron la hispanización o el mestizaje como en Hispanoamérica. Por fin la lenta hispanización fue interrumpida por la pérdida de la soberanía española en 1898.

A partir de 1571, año de la fundación de Manila, el idioma español es lengua oficial (lengua de la Justicia, de la Administración, de las leyes, de los documentos oficiales y de una literatura difundida por la imprenta a partir de 1593). Unos siglos después les norteamericanos (¡wasp-usenses !) impusieron el uso del idioma inglés y pusieron obstáculos al español hasta 1930. Cabe subrayar que el idioma español fue el de la oposición y de los revolucionarios. Por fín en 1987 la nueva Constitución elimina el español de la enseñanza y le deja el papel de idioma opcional como el árabe u otros idiomas.

En 1870 cuando la población no era superior a 4 ,5 millones, los hispanófonos representaban el 3% del conjunto, unos siete años después de la decisión de Isabel II de imponer el español en la Instrucción Pública . Podemos imaginar que en 1898 la tasa de hispanohablantes había aumentado y podía alcanzar el 10%. Por otra parte se estimaba que el 60% de los Filipinos usaba el español como lengua segunda. Entonces entre 1890 y 1940 probablemente un 70% de Filipinos usaba la lengua española con regularidad.

Claro que los años que siguen la Segunda Guerra Mundial son los del desarrollo de idioma inglés, a pesar de la irritante resistencia del español . A partir de 1987, los defensores de la lengua española están en lucha e intentan demostrar la importancia del idioma español en la cultura filipina.

Breve presentación de la lengua española en las Filipinas

Podemos dividir en tres sectores la realidad lingüistica del español en las Islas Filipinas :

• El español como lengua materna

• El español en las lenguas indígenas

• El español en las hablas criollas

El español lengua materna presenta muchas características del español hispanoamericano o de las Islas Canarias, a pesar de que que el seseo y el yeísmo no estén generalizados. Los elementos morfosintácticos y lexicales son más evidentes : no más (ya no); no tanto (no mucho); mandarse cortarse el pelo (cortarse el pelo), etc.

Las voces de origen indígena americano son abundantes : guayaba, mango, mecate,tamal, tomate…La obra de Paloma Albalá Hernández, Americanismos en las Indias del Poniente (Iberoamericana, Madrid, 2000), describe detenidamente este fenómeno filipino. La presencia de numeros antropónimos y de topónimos en las numerosas islas son testigos de la presencia histórica y cultural de España .

Naturalmente los indígenismos locales, filipinos son numerosos y se han integrado en el idioma español y los Filipinismos, manifestación de la creatividad lingüística local marcan la especificidad dialectal o diatópica. El español en las lenguas indígenas filipinas es el resultado de un lento proceso de contactos lingüísticos y de muchas interacciones :

• Fonéticamente los sistemas indígenas tienen 3 vocales i/a/u, el español integra al sistema las vocales e/o.

• También en ciertas lenguas se pueden pronunciar dos consonantes en vez de una : torompo (tagalo) en vez de trompo ; Parancisco (Cebuano) en vez de Francisco.

• La mofosintaxis de muchos idiomas indígenas muestran la integración de elementos españoles (para ,mismo ,en vez , los sufijos diminutivos -ito, a…)

• En el léxico abundan los hispanismos; Antonio Quilis en Hispanismos en Tagalo evoca unos 40.000 hispanismos . Muchas de estas palabras han cambiado de significación, por ejemplo el español "barraca" en tagalo significa "mercado".

El tagalo es una lengua formada a partir de numerosas raíces : aproximadamente unas 8500 de orígenes diversos : 3000 malayo-indonesia, 500 asiáticas y 5000 españolas.

El español en las hablas criollas

El dominio muy interesante para los linguïstas es el de las hablas criollas (criollos a base de español, como el Chabacano, el Zamboangueño). El Chabacano se reparte en un 94% de español y un 6 % de tagalo;

Presento un ejemplo de chabacano presentado por nuestro colega Edmundo Farolán :

¿Dónde está el palayok? En el dingding... vene vós.

De nueve palabras sólo dos tienen un origen malayo-indonesio, las demás son españoles.

Como lo explica el profesor Edmundo Farolán la lengua española fue enseñada por la Iglesia a partir de la élite (por lo alto), ahora a partir de los conocimientos de las bases lingüisticas y de las interacciones entre el español y las lenguas indígenas podemos afirmar que el tiempo ha venido de enseñarlo a partir de las masas (por lo bajo) que inconscientemente usan muchos elementos del español.

Concluiré con Edmundo Farolán que defiende admirablemente la esperanza del « resurgimiento » persuadido de que cuatro siglos de presencia española han dejado huellas y rasgos culturales entre los Filipinos.. Esta esperanza consiste en terminar con el absurdo aislamiento del español tan vivo entre las lenguas filipinas e imaginar que el español pueda vivir de nuevo como durante su magnífico siglo de oro entre 1850 y 1950.

Por todo esto nosotros universitarios franceses u europeos (españoles o belgas hasta entonces) en colaboración con los especialistas filipinosdeseamos crear un centro de investigación que permita desarrollar los estudios lingüísticos relativos al español en las Islas Filipinas.


Dr. Farolán y Dr. Cahuzac

PERMANENCIA Y PERSPECTIVAS DE LA HISPANIDAD EN FILIPINAS
Manuel Montoya, Universidad de Bretaña Occidental (Francia)


--Ang dî lumingón sa pingángalíngan ay dî macaráratíng sa paróroonán. (Refrán filipino)

No tendríamos que confundir anticolonialismo filipino (a propósito del cual no debemos olvidar de citar las grandes figuras históricas y emblemáticas de Rizal, de Bonifacio, de Mabini y de tantos otros) y antihispanismo. O sería equivocarse de combate y, desde un punto de vista nacionalista filipino y de manera gravemente enajenada y enajenante, aceptar y adoptar el profundo y xenófobo antihispanismo norteamericano que oculta todos los racismos del mundo. Esas mismas grandes figuras del patriotismo filipino de las que acabo de hablar, que pertenecían todas a la clase "ilustrada", rechazaron la sociedad de los Frailes, no a Cervantes. Es significativo, por cierto, que la primera Constitución e incluso el Himno nacional filipino se hayan redactado en castellano. Numerosos fueron y son los intelectuales que nos ofrecen un testimonio de ese apego a la cultura española; y quiero recordar aquí el nombre de la maravillosa maestra de escuela Librada Avelino del Centro Escolar de Señoritas (hoy el Centro Escolar University) que no temió, en 1913, jugándose la carrera e incluso la vida, oponerse al Vice-Gobernador General del ejército de ocupación norteamericano, Newton Gilbert. Numerosos son también los autores que actuaron de tal manera. El gran poeta filipino Jesús Balmori, muerto en Manila en 1948, ha escrito el 25 de julio de 1939, un poema bajo forma de carta que quisiera recordar porque traduce bastante bien, me parece, la actitud de toda una generación. Dice así:

Querido amigo: se trame lo que se trame
y se legisle y ore y se cante y se ame,
en toda Filipinas, mientras alumbre el sol,
se seguirá escribiendo y hablando en español.

No hay peligro que muera el castellano idioma
sobre el tallo en que un día floreciera fecundo.
El pueblo lo conserva como un precioso aroma,
y con él se perfuma ante Dios y ante el mundo.

Triunfará sobre el cálculo y la ruín amenaza
y se hará en nuestros labios ritmo, de gloria, eterno.
Lo defienden los hombres más aptos de la raza,
y lo guardan las leyes más justas del gobierno.

No existe valor patrio a su valer análogo.
Ni late en nuestra historia otro motivo igual.
En español Mabini redactó su Decálogo
y en español cantando, dio su vida, Rizal.

Puedo decir, henchido de orgullo soberano,
que bajo el exotismo de nuestra vida extraña,
en Filipinas se habla y escribe en castellano
como se escribe y se habla en España.

Luciendo hasta cegar su clámide suntuaria,
marchará el español bajo arcos triunfales,
mientras cincele Briones su prosa lapidaria,
y cante Bernabé sus versos inmortales.

Es el verbo que se hace pálida luz de luna
cuando hombres y mujeres van del amor en pos;
el verbo con que Recto deslumbra la tribuna,
y Monseñor Guerrero habla en nombre de Dios.

Es la seda primorosa con que la sampaguita
el seno de la virgen del terruño engalana,
y es el santo rosario que ofrece la abuelita
cuando se hace la noche filipina y cristiana.

¿Cómo vas a extinguirte, dulce idioma español?
¿Cómo vas a dejarnos, romancero de amores?
¡Si has de morir, será cuando se muera el sol,
cuando no queden pájaros, ni mujeres ni flores!

Cuando la voz de Cronos, con acento apagado,
resuene señalando una nación en ruinas:
"¡Aquí existió un país florido y encantado,
que en honor de Felipe se llamó FILIPINAS!"


Este testamento poético y profético a la vez no se realizó sino parcialmente. El idioma español ha recibido por algunas razones, por razones bajunas de "cálculo mesquino" como lo recuerda Balmori, rudos golpes. La deshispanización ha sido preparada magistralmente, debemos reconocerlo, por los que los intelectuales filipinos y más particularmente el gran escritor y académico Guillermo Gómez Rivera, llaman los "WASP usenses", tan pronto como los Estados Unidos desencadenaron la guerra contra la joven Primera República Filipina de los Aguinaldo y los Luna, no temiendo aquellos de exterminar entre 1898 y 1907 la séptima parte de la población del Archipiélago (un millón y medio de muertos entre una población de 9 millones), como no teme recordarlo un propio historiador norteamericano, James B. Goodno en su libro The Philippines: Land of Broken Promises, publicado en Nueva York en 1998.

En 1902, en el momento de la firma que establecía la paz entre los independentistas filipinos y el gobierno de los Estados Unidos, el idioma español, enseñado y estudiado en todas las escuelas, colegios e institutos, hablado por gran parte de la población filipina desde hacía más de tres siglos, parece "tener" que imponerse como idioma oficial, de la misma manera que se había impuesto en América Latina después de las guerras de independencia de principios del siglo XIX, así como después de las guerras de Cuba y de Puerto Rico, contemporáneas de la de 1896 en la "joya del mar de Oriente" como llamara José Rizal a su querida patria en su maravilloso Mi Último Adiós. Pero varios fenómenos hicieron esta oficialidad de la lengua más o menos difícil:

- primero la tardía decisión de hispanizar en profundidad al Archipiélago por parte de la sociedad de los Frailes que, para cristianizar las islas había preferido hacerlo, como ya lo habían hecho con éxito evidente en América Latina, recurriendo a los idiomas autóctonos. Sola la élite estaba verdadera y seriamente hispanizada.

- luego la élite filipina, profundamente antiyanqui, creía que la coexistencia del español y del angloamericano, únicamente reservado al dominio de los negocios y a veces de la administración, iba a permitir que fuera el castellano el idioma de la cultura y de la comunicación entre todas las islas del archipiélago.

- por fin el trabajo de deshispanización brutal ejercido por parte de los americanos que no temieron eliminar a los little brown brothers, los hispanofilipinos, por medio de un verdadero genocidio comparable al realizado por ellos con "sus autóctonos", los red skins, acabó por aportar sus frutos. Numerosos son los edictos americanos que tienden a despojar el español de su estatuto privilegiado. Esta substitución del español por el angloamericano se efectuó primero en la escuela primaria, luego en la secundaria, por fin en la Universidad, hacia los años 20, incluso en la más que venerable Universidad de Santo Tomás, fundada por los españoles nada menos que en 1619.

Este ataque contra el español provocó una reacción extraordinaria por parte de las élites filipinas: el doctor León María Guerrero, Enrique Mendiola, Mariano Jócson, fundador del Colegio de Manila, Rosa Sevilla de Alvero, fundadora del Instituto de Mujeres, Ada Avelino de quien ya he hablado, etc... Entre 1920 y 1930, por ejemplo, se publicaron más de 200 periódicos en español. Hoy, para comparar, no quedan más que dos publicaciones: Nuevo Horizonte y Nueva Era. En 1929, el año del crac de Wall Street, se fundó la Academia Filipina de la Lengua, correspondiente de la Real Academia Española. En 1934, hace tan sólo setenta años, el español no era únicamente el idioma de la élite social e intelectual sino también del poder judicial, de los edictos gubernamentales, del colegio de Médicos y Farmacéuticos y de las Sesiones de la Asamblea Parlamentaria. A las tesis que estaban a favor del anexionismo proamericano, se oponían periodistas, escritores, universitarios, etc... que querían conservar y promover el idioma y la cultura hispánica. De esa época son el Casino Español y la fundación Zóbel de Ayala que organiza desde entonces numerosos certámenes literarios importantes. Edmundo Farolán, que obutvo este prestigioso premio en 1981, nos hablará luego de toda esta literatura hispanofilipina o filhispana como parecen preferir llamarla los filipinos.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la República projaponesa de 1941 va a acentuar esa aculturación hispánica ya emprendida por los Estados Unidos, aunque dándole un sentido contrario, hacia un asiatismo igual de agresivo y feroz. A pesar de las buenas relaciones que existían sin embargo entre Japón, miembro del Eje y la España facista de Franco, se suprimieron todas las publicaciones en español y se destruyó una cantidad importantísima de obras escritas en castellano. El trabajo efectuado por los frailes españoles en las Américas con los textos escritos en nahuatl, en guaraní, en mayense, en quichua, etc, parecería irrisorio al lado del efectuado por los japoneses y los colaboracionistas filipinos. El nativismo o el indigenismo que emerge entonces, complicado más tarde por cierto pensamiento marxista profundamente anticolonialista o postcolonialista, y por ende antiespañol, querrá negar -lo que no hicieron los latinoamericanos como José Martí en Cuba, por ejemplo- la realidad del peso hispano, negándose a otorgarle sus letras de nobleza a la cultura y al idioma español, a pesar de ser triseculares (333 años de presencia efectiva) y acusará a las élites hispanizadas de colaboracionismo sin darse cuenta que caían bajo el peso de un yugo más grave, que nada tenía que ver con su pasado, el norteamericano.

En 1944 tendrá lugar otro genocidio. Con el propósito de aniquilar el Estado Mayor japonés instalado en Manila, la aviación norteamericana, practicando sin duda ya sus "bombardeos quirúrjicos" que iban a conocer un gran mañana en Vietnam o más recientemente en Iraq, redujo la hermosa ciudad colonial de Intramuros, residencia de la intelligentsia hispanizada, a un montón de ruinas y de escombros humeantes entre los que desaparecieron centenares de obras literarias, plásticas y cinematográficas hispanofilipinas. Ciento cincuenta mil filipinos murieron durante dichos bombardeos. El filipino Guillermo Gómez Rivera escribe a tal propósito:

Se tenía que hacer otro genocidio más para que los filipinos
de habla española desaparecieran de una vez por todas. Por eso se
hizo el aterrizaje de MacArthur y sus fuerzas en Manila para que, so pretexto
de una batalla, desaparecieran más filipinos de habla española,
como así se logró, juntamente con la destrucción de
Intramuros y de todas sus cercanías. Manila resultó ser la
ciudad más destruida y masacrada después de Varsovia.


Las consecuencias fueron funestas en efecto cara a una posible consolidación ulterior de carácter hispánico de la sociedad filipina. Manila fue enteramente repoblada con elementos heteróclitos que procedían de otras regiones de Luzón, de Mindanao, de Palawan o de otras partes que no habían sido nunca hispanizadas.

En 1972, la nueva Constitución establecía como única lengua oficial el pilipino (especie de interlengua con fuerte base tagalog) y el angloamericano, aunque establecía una Comisión ad hoc para que se tradujeran las grandes obras del pasado hispánico. Es catastrófico pero también es una manera implícita y no confesada de reconocer por esta forclusión del español, que hasta esa fecha no existía ninguna obra digna de tal nombre que no fuera escrita en la lengua de Kastila. Los legisladores Pascual B. Azanza, Enrique Magalona y Miguel Cuenco, lograron incluir la enseñanza regular del español en todo el cursus de los estudios secundarios pero en 1987, la Constitución dictada por Cory Aquino lo anuló so pretexto de rendirla simplemente "optionnal and voluntary".

Los colegios que optaron por el español se vieron obligados entonces por la CHED (Comission on Higher Education, Comisión de Educación Superior) a abandonar completamente esta enseñanza en virtud del decreto de la CMO. 59 S. de 1996. Actualmente no se encuentra enseñanza del español más que en algunos colegios privados de Manila. Por suerte, en la Universidad, el número de estudiantes en español no cesa de aumentar día tras día, quizá para expresar cierta reacción frente al imperialismo cultural norteamericano, quizá para reivindicar unas raíces más profundas que las que les ofrece Coca-cola o McDonald. Existe una nueva esperanza con la actual presidenta Gloria Macapagal Arroyo que habla corrientemente el castellano y es miembro de la Academia Filipina de la Lengua. ¿Podrá corregir la aciaga Constitución de Corazón Aquino para la lengua española? Así lo deseamos y si tal es el caso diré, como lo escribía en 2001 Guillermo Gómez Rivera: "Mabuhay, Gloria Macapagal!"

El mismo Guillermo Gómez Rivera, de la Academia Filipina de la Lengua, me escribía hace poco, para expresarme la necesidad de un arranque de energía con el fin de oponerse al sabotaje sistemático oficial de todo lo que es hispánico que sufren los filipinos desde 1924, y para decirme las dificultades que tenía, por las mismas razones, como tantos otros escritores, para publicar sus propias obras en su propio país. Por ejemplo su libro Con címbalos de caña, una joya de la literatura ya no sólo filhispana, sino de lengua española, permanece en sus cajones. Me decía también la importancia de reunir fuerzas, con Instituciones Hispanas, el Instituto Cervantes y entidades iberoamericanas dispuestas a colaborar con ellos. Cierto es, se traducen en angloamericano las grandes obras de los autores hispanofilipinos (Rizal, Benigno Mayo, etc...) pero ya no se editan en la lengua en la que fueron escritas y quienes más ensalzan los nombres de los padres de la patria y la independencia filipina son hoy incapaces de leerlos en el idioma en que aquellos prohombres labraron el nacionalismo filipino.

Lo cual es una vergüenza! Hoy no existe en Manila, por ejemplo, una sola librería española! No es únicamente la culpa de los americanos o de los filipinos desmemoriados. Los españoles no hicieron muchos esfuerzos, las sociedades de Hispanistas del mundo entero tampoco. Espero que este acto sea un acto fundador. Así es como lo veo por lo menos. Con la ayuda de nuestros amigo filipinos, de los grandes escritores como mis amigos Edmundo y Guillermo (él mismo, hijo del gran novelista Guillermo Gómez Windham), pero también de Federico Espino Licsi, de Benigno del Río, de Mariano Loyola, de Francisco Zaragoza, de Fernando de la Concepción, de Flavio Zaragoza Cano, de Mauricio Pimentel, de Ildefonso Alcántara, de Nilda Guerrero Barranco y de otros más jóvenes como Edwin Agustín Lozada. Ninguna civilización puede tener un porvenir si ha perdido la memoria de su pasado o si acepta, sin plantearse preguntas, la memoria o el imaginario que otros han querido forjarle. Y esto es tan verdad en las Filipinas como en Francia o en España. Recordaba en introducción un refrán tagalog que rezaba esta misma verdad que tendríamos que labrar en nuestras mentes con letras de fuego.

Por eso propongo dentro del marco del Departamento de Lenguas Románicas de la Universidad de Bretaña Occidental de Brest:

- de colaborar con las revistas en línea (rechacemos lo de on-line) que existen ya: Revista Filipina dirigida por mi estimado colega, Edmundo, pero también Kaibigan Kastila, Guirnalda Polar, etc...

- de abrir nuestras revistas universitarias, empezando por la que dirijo Amadis, a los autores y estudiosos filipinos.

- de publicar y hacer que publiquen a los autores hispanofilipinos (estoy trabajando desde hace unos meses en la traducción de la obra poética de Edmundo Farolán para una edición bilingüe que debe publicarse en Francia).

- de hacer que se conozcan y se lean estos autores.

- de estudiarlos y hacer que los estudien.

- de estudiar y de hacer que se estudie, al mismo título que la literatura, la historia y las civilizaciones latinoamericanas, la literatura, la historia y la civilización filipina. ¿Qué razón coherente puede existir para hablarles a nuestros estudiantes de Español de Quetzalcoatl, de Coatlicúe o de Huitzilopoxtli y no de Tambug, Iräw, Sägit, Äldäw o de los tandajag?

- de proceder a intercambios de estudiantes y profesores de Brest y de Filipinas de los Departamentos de Lenguas Románicas claro está, pero también de geología, geografía, ciencias del mar, medicina, etc...

- de considerar en un primer tiempo, una abertura al Doctorado con la creación de un Centro de Estudios de Literaturas Coloniales Hispanas al cual podrían asociarse, ¿por qué no?, los Departamentos de Literatura Francesa e Inglesa. Por literatura y civilización coloniales no entiendo las de las antiguas colonias sino las que siguen produciendo una literatura en lengua española de calidad a pesar de una nación, una administración y un estado que usa mayoritariamente de otro idioma. La principal será, claro está, la literatura filipina, pero pienso también en la literatura hispanomarroquí, hispanoguinea, hispanosaharauí, hispanogibraltareña, judeoespañola, y ¿por qué no recuperar también la literatura chicana (de lengua española) de la que se apoderaron los anglicistas y que no figura tampoco en ninguna Historia de la literatura española, como no figura la literatura hispanofilipina que desapareció totalmente, en un no man's land literario, entre la literatura hispanoamericana y la literatura española? La hispanofonía es algo que habría que inventar y promover al mismo nivel que la francofonía que ya es un hecho desde hace numerosos años con encuentros, coloquios, congresos, etc... a propósito de la literatura de quebéc, de Suiza, Africa, Bélgica....

Quisiera, antes de presentarles a Edmundo Farolán, terminar con algunos versos del poeta filipino Manuel Bernabé quien, en su poema La muerte de Don Quijote escribía:

Porque el vivir de antaño y el de hogaño,
está tejido con las cosas bellas
del desengaño.


Que este desengaño no sea sinónimo de ruptura y responda al de la literatura barroca, que sea abertura a una conciencia del ser en movimiento, que sea señal de respeto del pasado, de vitalidad y de confianza en el porvenir y no de desilusión.

Durante los paseos nocturnos que hacía Edmundo Farolán, en compañía de su amigo Tony P. Fernández, sobrino del gran hispanista filipino, desgraciadamente desaparecido, Enrique Fernández Lumba de la Universidad de Santo Tomás, por la calles del Madrid de los años 60, y constatando la lenta agonía del español en las Filipinas, también llegaron a considerar la necesidad de reunir todas las energías posibles y buenas voluntades para permitirle al hispanismo filipino de seguir existiendo de otra manera que al estado larval en el que lo mantiene una administración fuertemente americanizada. Edmundo va a expresarse a este propósito pienso, como ya se ha expresado en numerosos artículos, numerosas obras entre las que cabe destacar su tesis La búsqueda de la identidad filipina, publicada en 1996. Tengo con Edmundo algunos puntos comunes que me le hacen más que cercano. Tengo, claro está un bisabuelo que fue a combatir a los americanos en las Filipinas en el cuerpo de lanceros (para salvaguardar el imperio español, ¡como no!), pero tenemos sobre todo, él un abuelo de Ronda y yo una abuela de la misma ciudad, y nuestros padres fueron ambos oficiales de aviación, el suyo durante la guerra contra Japón y el mío durante la guerra civil de España. Además compartimos el mismo amor a la poesía y más aún al idioma español que es nuestra patria chica común.

Edmundo nació en Manila. Es profesor de literatura y comunicación en la Universidad de Silesia (República Checa), es director de revistas en el internet, autor de ensayos y sobre todo, es escritor. Autor de libros de poesía entre los que algunos escritos en inglés, The Rhythm of Despair, (Manila, 1975; Oh, Canada! (Toronto, 1994 ) y Bowling Green Chronicles ( Vancouver,1997), pero sobre todo en español con obras como Lluvias Filipinas (Madrid, 1967), Tercera primavera (Bogotá, 1981), Nostálgica (Vancouver,1997), 2000 versos (Manila, 2000) y Nuevas poesías (Karvina, 2002). Es autor de numerosas obras teatrales en inglés y en español como Rizal que fue representada en Vancouver, de novelas cortas y de novelas como Palali, especie de novela autobiográfica en la que cuenta sobre tres generaciones los combates de su abuelo contra los americanos, de su padre contra los japoneses terminando por su propia experiencia como poeta errante, como "peregrino" gongorino en búsqueda de su identidad, recreando, reinventando los paisajes de su país natal para darse cuenta que finalmente su verdadera patria estaba en la poesía y en la lengua.

Paralelamente a este trabajo de creación, Edmundo Farolán ha producido numerosos ensayos como su tesis de la que hablé (La búsqueda de la identidad filipina (Madrid, 1966), su Antología del teatro hispanofilipino (Manila, 1983) y su Literatura Filipino-hispana: una antología (Manila, 1980), más los textos que se publican regularmente en la revista que dirige, Revista Filipina, así como en Guirnalda Polar (dirigido por el poeta y pintor mexicano José Tlatelpas) sobre poesía, teatro hispanofilipino, Rizal y su obra literaria, el chabacano, etc... Recibe en 1981 el prestigioso premio de literatura Zóbel y es nombrado en 1983 miembro de la Academia Filipina de la Lengua. No podemos olvidar tampoco su cargo, como profesor en varias Universidades, en Bowling Green, en Great Falls y San Francisco y ahora en la de Silesia, amén del hecho que fue entre 1978 y 1981 jefe del Departamento de Literatura española en la Universidad de la Ciudad de Manila. Citemos también su trabajo de traductor o de transcreador (término que prefiero) puesto que tradujo al tagalog la novela Don Segundo Sombra del argentino Ricardo Guiraldes, y obras teatrales de Antonio Martínez Ballesteros, Luis Matilla y otros dramaturgos españoles, al inglés y tagalo.

Se ha podido decir de la filosofía de Descartes que se trataba de un pensamiento de lo cotidiano. Con Edmundo Farolán, del mismo modo, podemos hablar de una poesía de lo cotidiano. Las pequeñas preocupaciones de la vida diaria, un combate de boxeo en la tele, una botella de whisky que se acaba, una pena de amor, la desesperación ante la pérdida de los seres queridos y del país de la infancia, todo esto está poetizado, mezclando spleen, melancolia y religiosidad. Pero es justamente de esas pequeñas naderías que nace en él la toma de conciencia de un cogito farolano y filipino que procede de lo absurdo, de la desesperanza más negra con, sin embargo, algunos elementos de humor siempre sarcástico y doloroso y la rabia ante la injusticia que no deja de recordarnos la poesía de César Vallejo o del mejor Neruda. Su poesía arranca de un sentimiento y a veces un sentimentalismo modernista, mejor dicho rubeniano que marcó profundamente la poesía filipina a principios del siglo XX. Pero como otros seguidores de Rubén Darío, deriva muy pronto del cosmopolitismo hacia temas más profundamente filipinos y más profundamente humanos. Junto a algunas doloridas confesiones hallamos el testimonio ininterrumpido de los sufrimientos de los demás pero sin caer nunca en la facilidad, en la vulgaridad de una literatura "comprometida" en la que cayeron algunos como Neruda o Alberti. Pero creo que ya va siendo tiempo que le deje la palabra que todos estamos ansiosos de escuchar. A todos Ustedes, señor Embajador, señoras y señores, estimados colegas y atentos estudiantes, muchas gracias.


Manuel Montoya, Edmundo Farolán y Philippe Cahuzac


LITERATURA HISPANOFILIPINA: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
Edmundo Farolán, Universidad de Silesia (República Checa)


Gracias, estimado y querido colega y amigo, Manuel. Aprecio muchísimo su introducción y la invitación a esta augusta universidad. Su Excelencia Embajador de Filipinas, Hector Villaroel, Monsieur Jean-Claude Bodere, Président de l'Université de Bretagne Occidentale, Monsieur Didier Le Morvan, Premier vice-président , chargé de la politique internationale, Profesor Philippe Cahuzac, director del departamento de Lenguas Romances, estimados colegas, queridos estudiantes:

Quisiera hablarles un poco sobre nuestra literatura, una rica literatura, la literatura hispanofilipina,. Lo que quisiera hacer en esta breve conferencia, (porque no se puede hablar de toda la literatura hispanofilipina en una hora) es concentrar sólo en dos aspectos: poesía y teatro.

El gran académico filipino, Claro Mayo Recto, cuando habló de la identidad filipina, dijo que la razón del ser filipino es su hispanidad. Este gran estadista y hispanista filipino que preparó varias conferencias para su recorrido cultural en España, expuso sus ideas sobre la conservación del idioma español en Filipinas. Dijo:

No es, ciertamente, por motivos sentimentales o por deferencia a la
gran nación espanola que dió a medio mundo su religión,
su lenguaje y su cultura, que profesamos devoción a este idioma y mostramos firme
empeño en conservarlo y propagarlo, sino por egoismo nacional y por imperativos
del patriotismo, porque el espanol es ya cosa nuestra, propia, sangre
de nuestra sangre y carne de nuestra carne, porque así lo quisieron
nuestros mártires, héroes y estadistas del pasado, y sin
él será trunco el inventario de nuestro patrimonio cultural...


Desafortunadamente, Recto murió en Roma antes de llegar a España para pronunciar esta conferencia.

Por eso, hoy día, cuando hablamos de la restauración del español en Filipinas, me pregunto si, en realidad, es necesario restaurarlo, porque, como decía Recto, somos espanoles en nuestras raíces de la misma razón y manera que los hermanos de Latinoamerica, son hispánicos. Revivir, quizás, no restaurar, porque somos españoles: nuestros nombres son españoles, nuestras costumbres, tradiciones y modo de ser son españoles. Y Filipinas es la única nación en Asia donde la mayoría de la población son católicos, debido otra vez por sus raíces españolas.

Nuestro único problema es la lengua, y esto, sí, deberíamos restauralo. Lo perdimos por algún accidente histórico--los norteamericanos que vinieron al comienzo del s. XX después del Tratado de París, cuando Espana, por su derrota en la guerra, fue forzado a vender Cuba, Puerto Rico y Filipinas a los EE.UU.

Pero a pesar de esto, tenemos una rica literatura hispanofilipina, y lo que quisiera hacer en esta breve conferencia, es dar sólo una perspectiva histórica y general de dos géneros de nuestra literatura--la poesía y el teatro hispanofilipino, porque, como decía, no se puede hablar de toda la literatura hispanofilipina dentro de una hora..

LA POESÍA HISPANOFILIPINA

Empezamos con la poesía. En el s. XVII, Fernando Bagongbanta y Tomás Pinpín escribieron "ladinos", unos versos romanceados sobre temas religiosos, alternados en español y en tagalo: "Gracias a Dios sempiterno/Salamat sa Panginoon Diyos…" (Bagongbanta).

Por otro lado, habían bardos anónimos que escribían canciones en tonos vulgares, mezclando palabras indígenas con el español, recordándonos de los juglares del siglo medieval: "Habrá bailuhan, sorbete y lechón-en la casa de Ñora Quicay…" (Anónimo).

En el s. XVIII, aparece Luis Rodríguez Varela, un criollo, quien fue el primero que escribía composiciones patrióticas. Escribió una colección de poesías titulada Parnaso Filipino, pero no se han conservado copias de esta colección.

No era hasta el s. XIX cuando aparecen literatos de gran importancia. Dos de ellos fueron el héroe nacional, José Rizal (1861-1896), y el novelista/poeta Pedro Paterno(1857-1911). Estos dos escribieron en casi todos los géneros literarios, y en particular, la novela y la poesía. Otros escritores en este período de la revolución filipina fueron el soldado y cuentista, General Antonio Luna, y los reformistas Marcelo del Pilar, y Graciano López Jaena, que fundaron con Rizal la revista La Solidaridad donde aparecieron artículos pidiendo al gobierno español reformas para Filipinas:

Apolinario Mabini, conocido como el sublime paralítico, y Ministro de Asuntos Exteriores bajo el Generalísimo Aguinaldo, también se destacó con sus "Memorias de la Revolución".

Rizal, mundialmente conocido por "Mi Último Adiós", su última poesía escrita la noche antes de su fusilamiento, y sus dos novelas, Noli Me Tangere y El Filibusterismo, traducidas en varios idiomas, fue médico, novelista, poeta, político, filólogo, pedagogo, agricultor, tipógrafo, escultor, pintor, naturalista, y políglota (hablaba más de veinte idiomas).

La poesía que incluimos aquí no es muy conocida pero es interesante porque proyecta el genio de este hombre. Rizal escribió esta poesía cuando era estudiante en el Ateneo Municipal de Manila, y muestra en estos versos cómo la síntesis de agua y fuego forma lo que siempre fueron sus deseos para el pueblo filipino: "progreso, vida, luz y movimiento":

EL AGUA Y EL FUEGO (fragmento)

Agua somos, decís; vosotros, fuego.
¡Cómo lo queráis, sea!…
¡Vivamos en sosiego,
y el incendio, jamás luchar nos vea,
sino que unidos por la ciencia sabia
de las calderas en el seno ardiente,
sin cólers, sin rabia,
formemos el vapor, quinto elemento,
progreso, vida, luz y movimiento!


Pedro Paterno nació en Manila, y vivió más de veinte años en Madrid donde publicó su única colección de versos, Sampaguitas, en 1880, y una novela titulada Ninay en 1885. He aquí un ejemplar de su obra poética, un breve romance:

AL ESTALLAR LA TORMENTA (fragmento)

Al estallar la tormenta
Por la playa me paseo,
Y en ver las agitaciones
Del vasto mar me embeleso.
En su inmensidad descubro
De mi amor el vivo espejo:
¡Cuántas olas luchan fuera!
¡Cuántas perlas duermen dentro!


Otro poeta, contemporáneo de Rizal y Paterno, pero no en la estatura literaria de estos dos, es Fernando Canon (1860-1938) que tiene un libro de versos publicado en 1921 con el título A la Laguna de Bay. En la siguiente poesía, el sentimiento patriótico del poeta es evidente; la patria Filipinas es la "blanca flor de montañas":

FLOR IDEAL (fragmento)

El rocío de nubes blanquecinas
Eterniza la flor de las colinas.
Esa flor que en su cáliz peregrino
Encierra el ósculo del amor divino,
Llevado allí por las sublimes notas
Del eterno cantar de los patriotas.


Al comenzar el s. XX, se inicia aquel período en la la literatura hispanofilipina que podríamos considerar la "edad de oro", o el zenit de la literatura filipina en castellano. Durante este periodo, entre 1900-1946, los escritores filipinos siguieron escribiendo en castellano, y la mayoría de los grandes escritores en este periodo escribieron contra el régimen norteamericano.

El que más se destacó fue el poeta, dramaturgo y político Claro Mayo Recto. Otros dramaturgos, periodistas, cuentistas y poetas durante este periodo fueron: Francisco Liongson, Jesus Balmori, Manuel Bernabé, Isidro Marfori, Francisco Zaragoza, Emeterio Barcelo-Barcelón, Felipe Gómez Wyndham, Severino Reyes, Francisco Varona, Ramon Torres, Adelina Gurrea, Antonio Abad, Fernando María Guerrero, Felipe Gómez Wyndham, Evangelina Guerrero Zacarías,Enrique Fernández Lumba, Enrique Centenera, Fernando de la Concepción, Esperanza Lázaro Baxter, Nilda Guerrero de Barranco, Enrique Laygo, Alejo Valdés Pica, Luis Nolasco, y Antonio Serrano.

Fernando Ma. Guerrero (1873-1929) trabajó por un tiempo para el diario La Independencia fundado por el patriota ilocano, Antonio Luna, poco antes de la guerra filipino-americana. Publicó dos libros de versos, Crisálidas y Aves y Flores. En este fragmento del poema "Mi Patria", expresa su amor patrio con un liricismo tan bello y exótico que luego fue conocido como el "Príncipe de los Poetas Líricos":

MI PATRIA (fragmento)

Filipinas es un nido
Formado de hermosas flores,
Es un idlio de amores
Sobre un mar embravecido;
Es el delirio querido
Que mi cerebro obsesiona;
Es la impávida matrona
Que heredera de titanes,
Tiene por solio volcanes
Y centellas por corona.


Cecilio Apóstol (1877-1938) trabajó también como periodista para el periódico revolucionario La Independencia y otros como La Fraternidad, La Unión, El Renacimineto y La Democracia durante los primeros años de la ocupación norteamericana. Fue miembro de la Academia Filipina desde 1924 hasta su muerte. Su libro de versos, Pentélicas, pinta paísajes con imágenes vivas. Al leer sus poesías, el lector tiene la impresión de ver unas fotos, o más bien, una película documentaria sobre la naturaleza y el paisaje filipino. Ejemplo de esto es la poesía "Paisaje Filipino":

PAISAJE FILIPINO (fragmento)

El sol en ebriedad suprema el suelo muerde
Porque todo en la hora canicular concuerde,
Ni un hálito de brisa cruza la extensa y verde
Paz del campo, ni un ave en el azul se pierde.
……………
Lejos corre, seguida del crío, una potranca,
Un carabao lustroso en un charco se estanca;
En su lomo una garza hace una nota blanca.
Un río desenrosca las eses de su tripa,
Y asoma, allá donde su curva se disipa,
Las manchas trapecialez de sus techos de nipa.


Isidro Marfori (1890-1949) nació en Calamba, Laguna y murió en España. Fue ganador de varios premios literarios por sus poesías, ya influidas por los ismos que invadían España durante su estancia allí. Publicó las siguentes colecciones poéticas: Cadencias, Aromas de Ensueño, Bajo el Yugo del Dólar, Sonetos, y Versos.

Sus tempranas poesías combinan trazos del romanticismo influido por el colombiano Vargas Vila y al español Becquer, particularmente en el empleo del extremadamente individualista y romántico "yo". He aquí un fragmento de "Líricas":

LÍRICAS (fragmento)

Aunque se diga luego
Que soy un ruín o un loco
O mi obra es la de un ciego,
Mujer, te amaré un poco.
¿Qué me importan la mofa y la histriónica risa
y el menosprecio hipócrita de los viles de rango?
Acojo la sonrisa
De tu ilusión dolient...¡Ven a mí, flor del fango!


La poesía latinoamericana dejó huellas en la poesía filipina, como acabamos de ver en esta poesía. El rubendarismo llegaba a su cima en Filipinas en los primeros años del siglo XX, y los poetas filipinos leían Azul (publicado por primera vez en 1888), Prosas Profanas (1896), y Cantos de Vida y Esperanza (1905). La sensibilidad poética de los filipinos iba mano a mano con la de sus hermanos hispanoamericanos, y, por eso, el Modernismo como movimiento literario tuvo un impacto tremendo en los poetas filipinos.

La influencia del poeta mexicano Amado Nervo ("Era llena de gracia el Avemaría/ quien la vio no la pudo jamás olvidar¨) se replica en la poesía que lleva el mismo título, "Gratia Plena", de Jesús Balmori (1886-1948). Pero era la intención de Balmori superar, y no imitar, al poeta mexicano:

GRATIA PLENA (fragmentos)

Ya de ti ni siquiera en sueños me acordaba,
Pero ante el blanco altar del Santo Sacramento
Te he visto comulgando. Cuando el cáliz se alzaba
¡Tu frente se doblaba como una flor al viento!
………………….
¡Gratia plena, mujer! Cuando acabó la misa
y pasaste ante mí con la frente inclinada,
sin que abriera la alba de tu mirada:

¡Yo caí de rodillas! Y de tu encanto en pos,
Ante mi Dios pequé, miserable de mí,
Porque hasta ahora no sé si me postré ante Dios
O me postré ante ti.
.....................................


Balmori fue un escritor prolífico. A los 17 años, publicó su primer libro de versos, Rimas Malayas. Dedicó también su talento a las novelas; dos de ellas fueron publicadas: Bancarrota de Almas y Se Deshojó la Flor. Otra novela que escribió, Pájaro de Fuego, no se publicó, y está muy probablemente en la biblioteca de la Universidad de Filipinas en Diliman. Escribía una columna diaria de versos satíricos bajo el título de "Vidas Manileñas "en el periódico La Vanguardia. Su colección de poesías Mi Casa de Nipa ganó el gran premio de poesía en el concurso literario nacional bajo los auspicios de la Mancomunidad de Filipinas en 1940, y fue publicado el año siguiente.

Manuel Bernabé (1890-1960), galardón de muchos premios de poesía, nació en Parañaque. Tiene dos colecciones de poesía, Cantos del Trópico (1929) y Perfil de Cresta (1957). Fue constante competidor de Jesús Balmori en muchas justas poéticas, y fue miembro de la Academia Filipina. En los siguientes versos de su poesía "La muerte de Don Quijote", Bernabé elabora poéticamente lo que Don Quijote pronunció antes de su muerte: "Yo fui loco, y ya soy cuerdo: fui don Quijote de la Mancha y soy agora, como he dicho, Alonso Quijano el Bueno" (II, LXXIV):

--¡Loado sea Dios, que no me pierde
en la red de mis tristes aventuras:
si viví loco, he de morirme cuerdo!
¡Adios , locuras!
……….
No se puede vivir cazando estrellas,
Porque el vivir de antaño y el de hogaño,
Está tejido con las cosas bellas
Del desengaño.

Que yo a los hombres escarmiento sea:
Como la tierra mis funestos brotes;
Y se acabe de un soplo la ralea
De los quijotes….
……………….


Claro Mayo Recto (1890-1960), de la Academia Filipina, siendo su Director y Presidente por alguna temporada, es el que más destaca entre los escritores del s. XX. Nació en Tiaong y murió en Roma cuando estaba por ver realizado su sueño de visitar España. Víctima de un ataque cardiaco, sus últimas palabras que reflejan su nacionalismo furibundo, fueron: "¡Qué terrible es morir lejos del terruño!

Publicó un libro de versos titulado Bajo los Cocoteros en 1911. Escribió dos obras teatrales, Solo Entre las Sombras y La Ruta de Damasco. Fue un apasionante patriota y político, y escribió varios artículos periodísticos y ensayos contra la política norteamericana en Filipinas, el más leído y popular siendo "Monroismo Asiático".

En su juventud, escribía teatro y poesía, y una de las más tempranas poesías de su adolescencia fue "Las Dalagas Filipinas", poema sobre la mujer filipina. Su inspiración es viril, y expresa la belleza, el amor de la "dalaga" filipina. Su estilo combina lo clásico y modernista, pero conserva siempre su personalidad de poeta definitivamente filipina. He aquí unos fragmentos:

LAS DALAGAS FILIPINAS (fragmentos)

Caballera flotante cual selva enmarañada,
Que exhala dulcemente aromas de querer,
Ensoñación, delirio del alma, enamorada
De las carnes y besos de la amada mujer.
…………….
Talle gentil y esbelto como enhiesta palmera,
Donde alegres laboran las abejas su miel,
Con suave ritmo que los nervios exaspera,
Como si fuese espíritu de un viejo moscatel.

Todo un conjunto armónico y grato que envidiara
Dalagas del terruño, el poeta os saluda,

Coronado de flores, de ensueños
La ardiente castellana y la impasible "miss",

La princesa que el cielo de Rusia cobijara
Y la dama que siente la fiebre de París. Quien dice
que no es bella la mujer filipina,

Que visite estas tierras de Burgos y Rizal,
Y verá que es más mística, más dulce y más
divina, La hija de los rajahs, la niña tropical.


Hablando de las mujeres filipinas, entre las escritoras, se destacan Evangelina Guerrero Zacarías, Adelina Gurrea, Nilda Guerrero Barranco, y Esperanza Baxter.

Evangelina Guerrero Zacarías (1904-1949) hija del mayor poeta lírico de Filipinas, Fernando Ma. Guerrero, siguió en los pasos poéticos de su padre. Ganó el Premio Zóbel en 1935 con su tomo de poesías, cuentos y prosa lírica titulado Kaleidoscopio Espiritual.

Colaboró en varios periódicos y revistas en español como Excelsior, La Vanguardia, El Debate, y La Opinión. En 1947, fue la primera mujer electa en la Academia Filipina; pero por modestia y razones de salud, no quiso aceptar la elección. Murió muy joven a los 45 años. He aquí una muestra de su obra poética:

NOCTURNAL (fragmento)

Los jardines se aduermen bajo el azul milagro
de la luna que sueña en la noche serena;
cada estrella que surge en el cielo lejano,
es ilusión que vibra y palpita y se aleja.

Y en la tácita calma de la noche y la luna,
mi corazón es flor que a sus manos se entrega,
cantares mis anhelos, mis quimeras espuma
de la mar que entre sombras meditando se aquieta.


Nilda Guerrero Barranco, hermana menor de Evangelina, fue ganadora del Premio Zóbel de Literatura en 1964 por su colección de cuentos, Nostalgias, y en 1980, fue elegida miembro de número de la Academia Filipina correspondiente de la RAE. He aquí su poema "Temor", una de las poesías en su libro Capullos publicado en 1982:

TEMOR

En este mundo traidor
todo es profundo dolor;
desde el día en que se nace
hasta la hora en que se yace.

Hubo un tiempo que temí
más que a la vida, la muerte.
Hoy, se ha trocado ese sentir;
más que a la muerte, la suerte.

¿Cómo sin temor vivir
del ignoto porvenir?
¿Cómo hacer que la risa en flor
¡ay! no se trueque en dolor?
Hoy amor, luz, alegría;
mañana...¿lenta agonía?


Esperanza Baxter fue una genial y fecunda poetisa. Nació en Barcelona el 7 de agosto de 1922, y estudió en la escuela de Bellas Artes y Buenas Letras, distinguiéndose más tarde como guionista religiosa de Radio Barcelona, obteniendo por sus escritos varios premios. Vino a Filipinas en 1952 y siguió cosechando lauros ganando el Premio Zóbel de Literatura. Colaboró con profusión en casi todos los periódicos castellanos de Manila, especialmente en El Debate. Fue miembro de la Academia Filipina y, por su belleza, fue ¨Musa¨de la Asociación de Escritores Hispanofilipinos y una de las mejores rápsodas del país. Sus cantos a Filipinas testimonian su amor y afecto a esta tierra de la que fue ciudadana desde que vino de España.

RIZAL (fragmento)

...Y Rizal, el héroe; Rizal, el filósofo;/Rizal, el linguista,
pintor y poeta,/doctor, literato, humanista,/vidente, científico y
moderno profeta,/tras el veredicto, fatuo y despiadado,/de mortal
sentencia,/entró silencioso y austero en capilla/con estoicismo y
dignidad soberbios.

Rizal, el patriota que amó a Filipinas/con amor tan sólido
y voluntad tan recia,/que, cual Nazareno, sabiendo su sino/iba al holocausto
lleno de grandeza.
Iba a Filipinas a entregar su vida; /no, una sola vida; ¡cien! si cien
tuviera./Su ominoso crimen: amar a la Patria./Su execrable idea: quererla,
¡quererla!


Una poesía de honda espiritualidad inspirada por los místicos Juan de la Cruz y Teresa de Avila es la bella poesía "De la hora anacoreta" de Fernando de la Concepción:

DE LA HORA ANACORETA
(fragmento)


Quiero aprender la lección
Del callar enamorado:
¡Señor, oye al corazón
Que sin voz te habla, extasiado!

Pues no hay tumulto que llegue
a tu Presencia distante,
Deja que al silencio entregue
Mi palabra disonante.

A tu amor, mi Dios, respondo
Y ansío tu pecho me abras.

Un amor te doy, ¡tan hondo!
Que no conoce palabras.


Emeterio Barcelón que sirvió como presidente de la Academia Filipina hasta su muerte en los años ochenta, escribía poesías también con temas religiosos. La devoción a la Virgen María está bien clara en "Recuerdos de la Anunciación" de este poeta:

RECUERDOS DE LA ANUNCIACIÓN
(fragmento)


Majestuosa gravedad
de los campos nazarenos.
Campos de misterio llenos
de casta serenidad,
Cedros y pinos figuran
unos centinelas graves
que algo misterioso auguran;
hasta el canto de las aves,
al saludar a la aurora,
no es la ordinaria, sonora
canción, que todo lo llena,
franca, abierta, juguetona,
sino mística y serena.
La naturaleza entona
religioso himno inaudito
con ecos de lo infinito.


Francisco Zaragoza fue presidente y director de la Academia Filipina entre 1985 y 1990. Se le considera a Zaragoza como el último de los poetas de esta generación. "Melancolía" es una lírica poesía tomado del libro Emocionario: Versos de la Adolescencia. Este tomo fue publicado por primera vez en 1929, y en 1989, se publicó una segunda edición, limitada y de lujo.

MELANCOLÍA

En las serenas aguas de los lagos
hay como una sutil melancolía:
nostalgia de pretéritos halagos,
de recuerdos...de amor...de lejanía...

Reflejan mis ensueños de otros días
como en mudos espejos delirantes;
la historia de mis ansias y alegrías,
...¡el fulgor de sus ojos inquietantes!

¡No sé qué oculta relación alienta
entre mi alma y el místico paisaje,
que su melancolía en mí fermenta
com un acto de extraño vasallate!

¡Cuántas veces las aguas adormidas,
en que el misterio señaló sus huellas,
retrataron unidas nuestras vidas
bajo el conjuro astral de las estrellas!

Flota en el aire un halo de tristeza
que comunica un íntimo mensaje.
El alma entera se arrodilla, y reza
la oración desgarrada del paisaje.

Desfilan ante mí, mudas, cansadas
las horas sin pasión y sin ternura,
vacías, como antorchas apagadas;
frías, como olvidad sepultura.

Al contemplar el panorama incierto,
que una inquietud de lobreguez reviste,
se dijera la cámara de un muerto
¡eternamente desolada y triste!


EL TEATRO HISPANOFILIPINO

El teatro ha sido un vehículo de protesta de los dramaturgos filipinos en los comienzos del s. XX. Durante la transición linguística cuando los norteamericanos impusieron el idioma inglés en el sistema educativo de Filipinas hacia los principios del s. XX, la manera más efectiva en aquel tiempo de presentar la protesta y a la vez para evitar la censura norteamericana era escribir obras alegóricas para disfrazar la protesta de estos dramaturgos.

Francisco Liongson, prolífico dramaturgo, nació en Bacolor, Pampanga y cursó sus estudios en San Juan de Letrán en Manila. Fundó el Círculo Escénico, y sirvió como uno de sus primeros directores de escena. En 1947, ingresó como Miembro de número en la Academia Filipina. Sus obras teatrales más conocidas son: El Único Cliente, Mi Mujer es Candidata, ¿Es usted anti o pro?, Juan de la Cruz, Las Joyas de Simoun, Colaboradora, y La Farsa de Hoy Día.

El Pasado Que Vuelve es su obra más seria, y en ella, Liongson atreve a adaptar en forma dramatica las novelas de José Rizal, Noli Me Tangere, y El Filibusterismo donde los personajes de Rizal, Tasio, y Capitán Tiago, sobresalen en esta obra. Su obra es una protesta contra la "cultura" gringga. En el prólogo de esta obra, por medio del fílósofo y "loco" Tasio, muestra cómo la influencia de los norteamericanos, con su cultura de "jazz" trajo consigo las drogas y la inmoralidad con el concepto de ir en "dates", y todo esto estropeó la ingenua sensibilidad de la cultura filipino-hispana:

TASIO: (Con paso tardo y vacilante, hasta llegar al centro de la escena).

Damas y caballeros: Perdonad que un vejestorio de mis tiempos se presente
ante vosotros esta noche; disimulad el que una momia de la antiguedad, seca
y acastronada por los años, se atreva a ofender con su presencia este
concurso tan brillante.

Aunque los de mi tiempo me llamaban Tasio, el loco o el filósofo,
vosotros os daréis mejor cuenta que mis contemporaneos creían
de que los locos tienen corduras que los cuerdos no pueden comprender del
mismo modo que los cuerdos tienen locuras que los locos no entienden.

En verdad, os digo que me siento muy molesto, muy violento y muy extrano,
y como perdido en un bosque en noche oscura, al hallarme en este lugar y
en esta ocasión que no son ni mi ambiente ni mi época; y hubiera
agradecido al autor de este disparate, que me hubiese dejado en paz y tranquilo
en la fosa de quietud y olvido a que todos los seres están destinados.
Pero tales fueron su insistencia y porfía, que, no obstante hallarme
ya en la otra orilla, de la que a nadie se le ha ocurrido volver, acabo por
seducirme la idea de poder cometer la mayor locura de todas mis locuras:
asomarme a este mundo y saludar esta noche a mis paisanos, a mis hermanos,
aunque bien sabía que no me reconocerían ni yo a ellos, no
porque yo haya cambiado, sino porque vosotros os habéis transformado
y desfigurado.

Sé que hoy la vida es tan vertiginosa y absorbente, que no os da lugar
ni tiempo de volver la cara hacia el pasado, ni a deteneros en vuestra marcha
para dialogar con seres idos o para comparar tiempos pretéritos a
estos días del cine y de la radio. Sé que un filósofo
sería hoy día el mayor anacronismo en vuestro ambiente, porque
hoy no se filosofa, se calcula; no se hace el amor, se hacen números;
no se muere por la patria, se vive de ella; no se aprende a rezar, sino a
bailar.

Más, no obstante, me infunde valor y me dé energías
para estar con vosotros breves instantes, el pensar que en toda comunidad
no faltan locos, ni entre los locos deja de haber cuerdos. Cordura o locura,
lo que voy diciendo, cada cual lo interprete a su modo; si desequilibrada
es mi pobre hechura, pondría en equilibrio vosotros los cuerdos, y
si cordura es lo que voy diciendo, cúrense de su locura los que
estén locos.

Yo pertenezco a otras épocas y a otros tiempos; soy del pasado y no
del presente, y como tal, sólo os puedo hablar de lo inmutable, de
lo que pervive al correr de los siglos; de lo que no le es dado a la Humanidad,
con toda su nigromancia y sus inventos, torcerle el camino o quitarle su
esencia, mientras en lo ancho del planeta palpite un corazón y aliente
un alma. Os hablaré del amor, aunque sea impropio que a mis años
trate de este asunto, que es más para poetas que filósofos,
y más para jóvenes que viejos. Pero no crean ustedes que un
joven sabe de achaques de amor mejor que un viejo, ni que vosotros los modernos
sepáis amar mejor que los antiguos. Sobre asunto tan bello y peregrino,
mucho tenéis que aprender del pasado los que hoy presumís tanto
de progresivos. Pues si la humanidad hoy día se siente orgullosa de
sus inventos, que la permiten volar sobre altas cumbres, desafiado a las
nubes y al firmamento; descender hasta el fondo de los mares jugando al escondite
entre madreperlas y corales; si la sed de poder y señoría la
quita el sueño, y el brillo del oro la vislumbra, y la embriaguez
del mando la vuelve loco, yo la compadezco; porque olvidada de sí
mismo, entre el vértigo infernal de sus pasiones, va perdiendo el
corazón día tras día.

Por eso ya no se invoca a la amada a la luz de la luna, ni se cantan versos
al pie de su ventana, ni se guardan como reliquias sagradas una flor de
"ylang-ylang" resecada o un collar de niveas sampaguitas: hoy llaman a todo
eso, cursilería. Hoy a la dama se la cita al cine para estar a oscuras,
o a un sarao de esos cuyo primer numero consiste en beberse varias copas
de "cocktail", para empezar perdiendo la cabeza, ya que del corazón
nadie se acuerda. ¡Y esto llaman hoy día elegancia! Ya no se
ven en una azotea, donde los enamorados hagan estremecer a "las florecitas
rojas del cabello de ángel"; hoy se hace el amor bailando, y a golpes
de "jazz band" se conquista a la amada. Ya no se va de excursión en
unas bancas que se deslizan perezosas sobre las aguas quietas del viejo Pasig,
mientras un galán susurra al oido de una dalaga una frase de amor
que la enajena; hoy se dan los paseos en automóvil, a sesenta millas
por hora, y si la niña no cede a las insinuaciones del galán,
se la tira por la borda del coche dejándola con la cabeza desnucada.
Hoy nadie muere de amor, sino de hastío. Ya no existe la divina Maria
Clara, que se acoje a los muros de un convento en oblación de amor
por su Ibarra; hoy se bebe una dosis de lysol para liquidar vicios ocultos,
vegonzosas culpas, extravios del alma...

De política no me atrevo a hablaros, porque de eso no entiendo nada,
pues soy de aquella época en que no se conocía lo que es un
diputado o un secretario. Os contaré, sí, un cuento de amor;
cuento de juventud, de vida y de muerte, para que los ya viejos aquí
presentes, en el breve paréntesis de esta velada, al mágico
conjuro de sus recuerdos, puedan volver a vivir sus años mozos, desarrugar
el corazón marchito, refrescar el alma, vivir el pasado; y estos
jóvenes que ahora me escuchan, contrasten la diferencia que existe
en cómo eran ayer a como son hoy estos asuntos del humano querer.

El cuento va a empezar: si no os aburre, seguid su relato; si os fatiga o
hastía, dejadlo. Y perdonad a un viejo loco una locura mas en su
extravio....

(Las luces de la bateria iran oscureciendo, hasta dejar casi a oscuras la
sala, mientras Tasio inicia mutis, recitando:)

Postrimerías del siglo deiecinueve; tierras filipinas del sol y del
amor; fondo rizalino en el que palpitan dalagas ingenuas a lo Maria Clara,
mozos nobles y viriles a lo Ibarra, que en un gusto de bizarra hidalguía,
mueren por su dama o por su patria.

Fervor en las almas; pabellón, español; complot y conjuras,
romances y guerra; bello amanecer de un pueblo que nace entre nubes de sangre
y heroismo, que al implorar a Dios en las alturas, entre el pliegue místico
de su rezo, va para su bandera la rosa de un beso. He ahí el marco
de esta aventura...

(Tasio hace mutis, enciendense las luces del procenio, la orquesta preludia
brevemente y se alza el telón.)


Semejantes ideas sobresalen en las obras de Jesus Balmori. La obra Filipinizad a los Filipinos de Jesús Balmori es un ejemplo concreto de esta protesta. Balmori presenta sus ideas en el personaje de Rafael, el protagonista de la obra, y dice:

La felicidad de los hombres y los pueblos depende de ellos mismos. El que
es desgraciado, es porque quiere serlo. Recuerda al pueblo y a los hombres
de nuestro ayer. Piensa en nuestra revolución. Entonces se quiso y
se supo ser filipino. Entonces supo el mundo, y la misma nación que
nos colonizaba, que ya existía Filipinas. Entonces se nos dio un libro
de oro en el que Bonifacio comenzó a escribir con la punta ensangrantada
de su bolo nuestra historia. Lástima de sangre vertida, de evangelios
escritos, de ideales predicados con la acción y de libertades conquistadas
a flor de martirios y heroismos si una vez libre Filipinas de todo extraño
yugo, los filipinos estamos más que nunca esclavizados por influencias
y poderes extranjeros. ¡Filipinizaros! ¡Clama Quezon desde la tribuna
y Rizal desde Bagumbayan y Luna desde Cabanatuan!... ¡Filipinizaros!
¡Dejad la túnica prestada para que no os desnuden en medio del
camino! ¡Abandonad el idioma que no os pertenece, la moda que os ridiculiza,
todo lo que os afea y os arruina y os deshonra! ¡Vuestro pueblo es el
pueblo más hermoso del mundo; vuestra raza la más sencilla
y generosa! Podéis vivir solos y orgullosos sin envidiar a nadie,
envidiados por todos, y ser fuertes, poderosos y libres como vuestros "tamaraos"
y vuestras águilas!..Filipinizaros para que vuestras mujeres vuelvan
a ser un sueño de poetas y vuestros hombres tornen a ser los Mabini
de vuestros decálogos gloriosos y los Gregorio del Pilar del Paso
de Tirad! ¡Filipinizaros, por amor a Dios, por amor a la libertad, por
amor a vuestra raza!


Otro ejemplo, en la obra Filipinas de Adelina Gurrea, tiene como personajes Tio Sam, Filipinas, Historia, y España. El prototipo Tío Sam es el explotador comercial; he aquí un ejemplo del diálogo donde expresa Gurrea su idea de explotación:

FILIPINAS: Pero ¿porque no dices, tío, que en lo de la independencia
jugó bastante papel el azúcar y la margarina, sus fabricantes
y sus importadores en América? ¿Y qué vas a ir
poniéndome impuestos en mis importaciones a tus territorios?
TIO SAM: ¿Qué quieres decir, ingrata? Es posible que te duela
ese poquito de ventaja que saco de ti y no te acuerdes de todo lo que te
he dado? Nunca creí que me pagaras así. Me hace mucho daño
oírte...y me da mucha pena este comportamiento.


Ha habido otros dramaturgos que han expresado este tema de protesta y ridiculizando a los inútiles políticos. Las obras de Claro Mayo Recto, La Ruta de Damasco y Solo Entre las Sombras, representan el conflicto entre los valores hispánicos y los nuevos valores de la juventud de su tiempo. Esto se dramatiza efectivamente en el conflicto entre Tío Narciso y su sobrino en Solo Entre Las Sombras. En La Ruta de Damasco, Mercedes y Loling hacen burla de Don Fermin, un político que "presentó una vez no sé que "bill", recabando del gobierno una medida enérgica para impedir el paso de los tifones por las provincias del Norte" y Loling comenta:" Tenía todo el aspecto inexpresivo de un sietemesino. Era tan cándido e inocente en sus modales. Hasta su hablar era balbuciente".

He aquí un fragmento de su obra teatral, La Ruta de Damasco:

Saloncillo de modesta apariencia arreglada con artística sencillez.
Puertas laterales y en el fondo. Bustos de filipinos ilustres y paisajes
nativos tipifican el cuadro. En el centro, un veladorcito de mármol
y algunas sillas. Sobre el veladorcito, libros, periódicos y una caja
abierta de tabacos. Varias estanterías de libros completan el modesto
mobiliario. Es una clara mañana de abril.

Escena I

Al levantarse el telón, Loling estará ocupada en aventar el
polvo de los muebles con un plumero, y Mercedes pondrá en arreglo
los libros esparcidos en desorden. A poco aparecerá Señora
Tomasa, por la derecha.

MERCEDES (a su madre): Ya son las ocho y no viene tía Irene. ¿No
dijiste que vendrá?
TOMASA: Estará aún roncando en la cama, lujo que sólo
pueden permitirse las gentes de calidad, a quienes no reza aquello de "a
quien madruga…"
LOLING: ¿A quiénes más se ha invitado?
MERCEDES: A nadie. Si es una fiestecita íntima. Quizás vengan
los "chicos" de "La Integridad".
TOMASA: La gente más charlatana y fastidiosa.
LOLING: Pero mamá, ¿qué mal te han hecho?
MERCEDES: También le tendremos a Don Florencio. Le invitó Antonio.
LOLING: Es un caballero muy simpático que sabe dar amenidad a la
conversación con sus agudezas y chistes de buena ley.
MERCEDES: Como buen espespañol. Es uno de los más íntimos
de Antonio.
TOMASA: Y de los más decentes. ¿Recordáis aquel diputadillo
que solía venir aquí para que le publicase Antonio sus discursos?
MERCEDES: Ah, sí, ¿te refieres a Don Fermín, mamá?
¿Aquél que, según nos ha contado Antonio, presentó
una vez no sé que "bill", recabando del gobierno una medida enérgica
para impedir el paso de los tifones por las provincias del Norte?
TOMASA: El mismo, el de la minoría, por más señas.
LOLING: ¿De edad?
MERCEDES: No, mujer. De la minoría…conservadora.
LOLING: Tenía todo el aspecto inexpresivo de un sietemesino. Era tan
cándido e inocente en sus modales. Hasta su hablar era balbuciente.
TOMASA: Bien, pero aquel infeliz tiene mejor suerte que muchos que por ahí
se las echan de cultos, patriotas, directores de la opinión, y otras
lindezas por el estilo.
LOLING: Tendrás razón, mamá. Pero francamente, no puedo
envidiarle. (Aparte) ¡Vaya un tipo! (Pausa) Voy un momento al jardín.
(Mutis por el fondo.)
Escena II
(Dichas menos Loling)
TOMASA: ¿Qué piensas de esa niña? ¿No crees que
está enamorada?
MERCEDES: ¿De quién?
TOMASA: De cualquiera,de ese Makaraig, por ejemplo.
MERCEDES: No lo sé. Y aunque lo esté, es difícil
averiguarlo. La chica es reservada.
TOMASA: Me dice el corazón que esos dos jóvenes se entienden
perfectamente. Loling es de carácter idealista, como tú y como
vuestro padre, y no será extraño que el otro le haya embaucado
con sus majaderías literarias. Pronto hará un año que
ese joven viene aquí para darla lecciones de literatura, y la oportunidad
ha sido grande. No sé cómo no he advertido a tiempo el peligro
de esas entrevistas...


Otros dramaturgos fueron inspirados por Rizal, quien escribió dos obras galardonadas durante sus días estudiantiles en el Ateneo Municipal de Manila, Consejo de los Dioses y Junto al Pásig. Rizal se interesaba mucho por los estudios clásicos, en particular, la mitología griega, y en Consejo de los dioses, notamos su sabiduría en este campo:

ACTO ÚNICO

JUPITER, sentado en el trono de oro y piedras preciosas y, llevando en la
mano el cetro de ciprés, tiene a sus pies el águila, cuyo plumaje
de acero refleja mil diversos colores; los rayos, sus terribles armas, yacen
en el suelo. A su derecha está su esposa, la celosa JUNO, con refulgente
diadema y el vanidoso pavo real. A su izquierda, la sabia PALAS (Minerva),
hija y consejera, adornada de su casco y terrible égida, ciñendo
el verde olivo y sosteniendo gallardamente su pesada lanza. Formando severo
contraste está Saturno acurrucado y mirando desde lejos tan hermoso
grupo. En gracioso desorden hallase la hermosa VENUS, recostada en un lecho
de rosas, coronada de oloroso mirto, y acariciando al AMOR; el divino APOLO,
que pulsa blandamente su lira de oro y nácar y jugando con las ocho
MUSAS, mientras MARTE, BELONA, ALCIDES, y MOMO cierran aquel círculo
escogido. Detrás de JUPITER y JUNO se hallan HEBE y GANIMEDES. Hacia
el lado derecho de JUPITER se halla la JUSTICIA, sentada en su trono, teniendo
en las manos sus atributos.

Escena I

Los dioses y las diosas y las ocho musas mencionados. Llegan la musa TREPSICORE
primeramente, y después las NINFAS, las NAYADES y las ONDINAS, bailando
y esparciendo flores al son de las liras de APOLO y de ERATO, y de la flauta
de EUTERPE. Después de la danza, todos se colocan a ambos lados del
escenario.

Escena II

(Dichos y MERCURIO)

MERCURIO: He cumplido ya tus mandatos, soberano Padre; Neptuno y su corte
no pueden venir, pues temen perder el imperio de los mares, a causa del actual
arrojo de los hombres; Vulcano aun no ha terminado los rayos que le encargaste
para armar al Olimpo, y los está concluyendo; en cuanto a Plutón...
JUPITER (interrumpiendo a Mercurio): ¡Basta! Tampoco los necesito. Hebe,
tú, Ganimedes, repartid el néctar para que beban los inmortales.
(Mientras Hebe y Ganimedes llevan su cometido, llegan Baco y Sileno, éste
a pie y aquél montado en una burra con el tirso en la mano y verdes
pámpanos en las sienes, cantando:)
El que vivir desea
Y divertirse,
Abandone a Minerva;
Mis viñas cuide...
MINERVA (en alta voz): ¡Silencio! ¿No ves que el poderoso Jupiter
ha de hablar?
SILENO: ¿Y qué? ¿Se ha enfadado el vencedor de los Titanes?
Los dioses toman el néctar: por consiguiente, puede cualquiera expresar
su alegría de la manera como le plazca; pero ya veo que mi discípulo
te ha ofendido y tomas por pretexto...
MOMO (con voz socarrona): Defiéndele, Sileno, por que no digan que
tus discípulos son unos impertinentes.
MINERVA trata de replicar, pero JUPITER la contiene con un gesto. Entonces
manifiesta MINERVA su desprecio con una sonrisa tan desdeñosa, que
altera la delicada severidad de sus hermosos labios. Después de tomar
todos los dioses de la inmortal bebida, comiensa a hablar.)
JUPITER: Hubo un tiempo, excelsos dioses, en que los soberbios hijos de la
Tierra pretendieron escalar el Olimpo y arrebatarme el imperio, acumulando
montes sobre montes; y lo hubieran conseguido, sin duda alguna, si vuestros
brazos y mis terribles rayos no los hubieran precipitado al Tártaro,
sepultando a los otros en las entrañas de la ardiente Etna. Tan fausto
acontecimiento deseo celebrar con la pompa de los inmortales, hoy que la
Tierra, siguiendo su eterna carrera, ha vuelto a ocupar el mismo punto en
su órbita, donde giraba entonces. Así que yo, el soberano de
los dioses, quiero que comience la fiesta con un certamen literario. Tengo
una soberbia trompa guerrera, una lira, y una corona de laurel esmeradamente
fabricadas: la trompa es de un metal que, que sólo Vulcano conoce,
más precioso que el oro y nácar, labrada también por
el mismo Vulcano; pero sus cuerdas, obra de las musas, no conocen rivales;
y la corona, tejida por las Gracias, del mejor laurel que crece en mis jardines
inmortales, brilla más que todas la de los reyes de la Tierra. Las
tres valen igualmente, y el que haya cultivado mejor las letras y las virtudes,
ése será el dueño de tan magníficas alhajas.
Presentadme, pues, vosotros, el mortal que juzgáis digno de merecerlas.

Otro autor que se destaca como novelista y dramaturgo es Antonio Abad. Nació en Barili, Cebú el 10 de mayo de 1894, y cursó estudios en el Colegio-Seminario de Cebú, hoy la Universidad de San Carlos, donde obtuvo el Bachillerato en Periodismo. Fue un dramaturgo prolífico. En 1918, compuso su primer drama, Calvario de un alma. Sus otras obras teatrales incluyen: La cicatriz (1920), Las hijas de Juan (1924); La redimida (1925); Los desorientados (1928); La gloria (1930); Cuando los lobos vuelven corderos (1932); Sor Sagrario (1932); Dagohoy (1939). En 1929, recibió el prestigioso Premio Zóbel con su primera novela La oveja de Nathan. Ingresó como miembro de número en la Academia Filipina correspondiente de la RAE en 1938, y en 1939, ganó el primer premio en el Concurso Literario Nacional del Gobierno de la Mancomunidad con su segunda novela, El campeon. Sirvió como jefe del Departamento de Español de la Universidad de Filipinas entre 1948 y 1958, y en 1960, publicó su tercera novela, La vida secreta de Daniel España. Falleció el 20 de abril de 1970.

He aquí un fragmento de La redimida:

ACTO PRIMERO

Reservado de un restorán de moda. A la derecha del escenario, el reservado
principal, que deberá ser el doble en dimensión del de la
izquierda. Deberá conocerse claramente que estos reservados son de
quita'y'pon, o sea, que pueden suprimirse los tabiques divisorios para que
en un cuarto puede ponerse una mesa más grande que la ordinaria, que
es sólo para cuatro cubiertos. Pintura discreta con cuadritos y un
pequeño espejo colgado de la pared. En el reservado de la derecha,
dos puertas al fondo, que corresponden a los dos reservados que se suponen
suprimidos. dos perchas a la izquierda de cada puerta. en los dos rincones,
ventiladores. Dos lámparas encendidas. A un lado, una o dos mesitas
auxiliares. en el centro, una mesa larga como para seis personas. sillas
en el reservado de la izquierda, la misma decoración y los mismos
muebles, salvo que este reservado es sólo para cuatro personas a lo
más. Son las diez y media de la noce. Dentro se oyen de continuo ruidos
de platos y el repiqueteo de unos timbres eléctricos, llamando a la
servidumbre. Alguna que otra vez, la bocina de un automóvil que pasa
corriendo.

Al abrirse el telón, entran en escena BOBBY y CHUCHI. BOBBY es un
´sportsman´rico, joven y libertino. Viste con mucha elegancia.

CHUCHI es una chica alegre, que era antes vodevilista, y ahora es actriz
de cine. También viste con elegancia.
BOBBY (mirando el reloj): Las diez y media...
CHUCHI: ¿Ya? No pueden tardar.
BOBBY: Debíamos de haber venido a las once.
CHUCHI: ¿Y qué íbamos a hacer en el Tom´s tanto tiempo?
BOBBY: Por lo menos bailaríamos.
CHUCHI: ¡Bah! Ya estaba cansada. Además, aquí por lo menos
me ahorro el disgusto de oir las gansadas de Manolito Alcaraz.
BOBBY: ¡Buena la has hecho! Pues has de saber que Manolito vendrá
también aquí.
CHUCHI: ¿Manolito? Pero, ¿es que también le ha invitado
Leonardo?
BOBBY: Sí. ¿No te lo ha dicho? No somos más que seis:
Leonardo y Remy; Manlito y Nena; tú y yo.
CHUCHI: ¿Nena también? ¡Ay! Y no puedo sufrir a esa mujer.
Desde que Manolito le compró un Essex, ya no mira a la gente. ¡Como
si yo no la hubiera conocido pobre, mucho más pobre que yo! Y ahora
se gasta unos humos...
BOBBY: Mujer, eso es muy humano. Los nuevos ricos suelen siempre ser más
insufrables que los que lo fueron toda su vida.
CHUCHI: ¿Y dices que Leonardo nos ha invitado porque Remy...?
BOBBY: Sí, porque esta noche Remy se viene con él.
CHUCHI: ¿Y es verdad que Remy va a dejar plantado a Don Ignacio?
BOBBY: Lo ha dejado ya. Desde esta noche, Remy sólo pertenecerá
a Leonardo.
CHUCHI: Me parece que no debimos de haber aceptado esta invitación.
BOBBY: ¿Por qué?
CHUCHI: Ya tú sabes que Don Ignacio no es hombre que se deja escamotear
así como así sus cosas.
BOBBY: Ya. Se las hace pagar muy caras antes de soltarlas.
CHUCHI: Tú los has dicho. Y me temo que quedemos complicados en un
enrojoso lío.
BOBBY: No seas boba, mujer. A nosotros, ¿qué nos va ni qué
nos viene en este asunto? Hemos sido invitados a una cena para celebrar el
triunfo alcanzado por Leonardo, quitándole de la boca del carcamal
de Don Ignacio un bocado tan exquisito como Remy. ¿Qué nos importa
de Don Ignacio ni del barrenchín que le va a dar cuando vea que el
pájaro ya no está en la jaula?


Otros dramaturgos que se destacaron durante el s. XX fueron Severino Reyes, conocido por sus zarzuelas. Escribió El Cablegrama Fatal que trata del cablegrama del gobernador general de Filipinas, Polavieja, enviado al Ministro de Ultramar, anunciando el fusilamiento de Rizal; Francisco Varona y Ramón Torres, periodistas de profesión, quienes escribieron Los hijos de Sisa. (Sisa es uno de los personajes de Rizal en su novela Noli Me Tangere); Alejo Valdés Pica con su obra inspirada por Oscar Wilde, Salome; Luis Nolasco, poeta y dramaturgo, con su drama La Verdad de las Verdades; Antonio Serrano, miembro de la Academia Filipina, periodista y dramaturgo con su excelente obra Orgullo de Raza; y Guillermo Gómez Rivera, con dos dramas, El Caserón y Por los Fueros Filipinos, obras que expresan la explotación de los filipinos por los norteamericanos en el s. XX.

CONCLUSIÓN

Claro que España ya ha cambiado mucho, desde que Francisco Franco murió, ahora con la globalización y su entrada a la Unión Europea--ya no es la Espana de El Cid y de los caballeros quijotescos en que la literatura hispanofilipina fue basada. Es lamentable la situación ahora del mundo con su falta de fe y religión, y la falta de moralidad que viene con la internacionalización, el internet, y otros factores de la globalización, pero, a pesar de todos estos negativos, aún hay esperanza. Durante una conferencia de la lengua española en México hace 6 anos, donde muchos académicos reflejaban sobre la globalización como instrumento de otra explotación norteamericana y, en particular, con el predominio del inglés en el internet, yo proponía que se podría también utilizar el español como instrumento de la globalización. Es decir, se podría también crear www. sitios en español tal como en inglés, y precisamente, hoy día en el internet --ya hay varios sitios en español-'revistas, noticias, diarios, etc. En el campo hispanofilipino, existen actividades de intercambio en el internet--revistas, como la que dirijo, REVISTA FILIPINA, sobre temas literarios y linguisticos de Filipinas, o el sitio de CIREF fundado poco después por Ing. Ramón Terrazas Munoz, de Toluca, México, una organización para influir a los políticos en Filipinas de educar a los filipinos en español, en vez del inglés. En 1999, el Ing. Andreas Herbig de Berlín, organizó un círculo hispanofilipino por el internet, donde los miembros son de varias ciudades del mundo, desde Buenos Aires y Montevideo, hasta Montreal, Madrid y Roma. Alemanes, italianos, latinos, filipinos de Norteamerica y Canada, chabacanos de Zamboanga participan en este círculo donde se habla de varios temas hispanofilipinos.

Quisiera concluir diciendo que ha habido avances en el interés sobre el espanol en Filipinas. El académico, colega mío en la Academia Filipina, Guillermo Gómez Rivera, escribió a los colegas del Círculo, para decir que hay varias publicaciones ahora de obras sobre la cultura hispanofilipina. Me cuenta que acaban de publicar un libro sobre la película hispanofilipina, y el mes pasado, el editorial Maeva en Madrid publicó la version espanola de una novela filipina, ANOCHECER, de Francisco Sionil Jose. En el campo de poesía, hay un renacimiento de poetas filipinos en español. Un poeta filipino, muy joven, Edwin Lozada acaba de dar una conferencia en Barcelona. Ya ha publicado dos colecciones de sus poesías.

Para los jóvenes filipinos, no es nada más que una cuestión de despertar el espíritu hispánico que está dentro de nosotros, dentro de todos los filipinos, y por eso, los académicos filipinos insistimos en la importancia de la lengua, que en las palabras del académico filipino y dramaturgo Antonio Serrano, es "el orgullo de la raza". Vosotros, los franceses, tienen ese orgullo porque para ustedes, la lengua es el eje de la cultura, la nación y la razón de ser franceses. Pasa lo mismo en Quebec, Canada, donde el Parti Quebecois defiende su razón de ser franco-canadienne. Y para los francocanadienses, la lengua francesa es el instrumento clave de su sobrevivencia. Los filipinos tenemos que imitar a los franceses en este sentido, porque los filipinos somos por naturaleza más hispánicos que asiáticos, y aunque nuestra facha es asiática, nuestros corazones y almas son españoles. Muchísimas gracias.

(Conferencia pronunciada en la Universidad de Bretaña Occidental, Francia, 14 de mayo de 2003)


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BRETAGNE, MONTOYA, FAROLÁN Y LA LITERATURA FILIPINA
Guillermo Gómez Rivera, Academia Filipina


El académico filipino y profesor, Dr. Edmundo Farolán Romero, ha logrado colaborar con el distinguido Profesor Manuel Motoya, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Bretange (Bretaña) Occidental, en Brest, Francia, para que se establezca, en esta misma institución francesa de alta docencia, un centro europeo de investigaciones de literatura hispanofilipina.

La Enciclopedia Espasa, en su artículo sobre Filipinas muy acertadamente define a la literatura filipina como ese cuerpo de obras que los filipinos hemos escrito, y escribimos, primordialmente en español. La literatura escrita en tagalo es también filipina pero no tiene la jurisdicción nacional que la escrita en español puesto que, geográficamente, el tagalo no es la lengua materna de muchos otros filipinos.

Y la creatividad literaria entre los tagalos ha quedado afectada porque el departamento de instrucción pública de Filipinas está dismiyundo, de forma traicionera, las horas antiguamente adjudicadas para el estudio de este idioma y su literatura. Y nos lo va disminuyendo para dar paso a la imposición de asignaturas obligatorias, o compulsorias, de inglés. Así se dictaminó porque ya se ha declarado el pánico entre los que imponen el inglés, contra lógica ley, el hecho de la decadencia, o rechazo pasivo si quieren, de este idioma invasor en estas islas.

De la misma forma en que ahora se va muriendo el cine en tagalo, por la avalancha de las películas usenses que entran en estas islas sin ninguna forma de control ni regulación, el cultivo literario del tagalo va disminuyendo hasta posiblemente desaparecer por completo de la misma forma en que se quizo suprimir la literatura filipina en español.

Por otro lado, la literatura escrita en inglés, que hasta ahora cuenta con proporcionalmente muy pocos autores filipinos, no se puede calificar como filipina porque ya se llama “Philippine literature in English”. Pero, a pesar del apoyo oficial que se le da, es una literatura que aun no ha tomado tierra como la literatura escrita por filipinos en castellano.

Lo peculiar en esa literatura “philippine” es su escasa relación con lo originariamente filipino en cuanto a su tema. El mayor exponente de la literatura “philippine” sigue siendo el escritor ochentón Nick Joaquín puesto que es el que logró hacer del inglés “un medio que se parece filipino”.

Y es el mismo Nick Joaquín el que ha escrito que la poesía escrita por un poeta, José García Villa, contemporário suyo pero que ya falleció en Nueva York en la soledad y en la miseria, es una poesía que, en cuanto a su relación a Filipinas, bien podría haber tenido a un esquimal por autor.

Y, ocurre lo mismo con los que escriben prosa y verso en inglés. La extranjerización, o desfilipinización, que el mismo idioma inglés les ha impuesto se refleja en sus escritos. Y tras un siglo de inglés obligatorio en Filipinas, la literautra “philippine”, fuera de la producida por Nick Joaquín, no puede competir en el mercado usense. La literatura, después de todo, es otro cauce por el que se puede ver el verdadero retrato de un país que se encuentra preso por un neocolonialismo que se dice "globalización".

Es por eso que hemos de celebrar la creación de ese Centro Europeo de Estudios Hispanofilipinos en Bretagne Occidental porque al fin, los filipinos que escribimos en español, vamos a tener ahora una voz en esa lejana universidad ya que aquí, en nuestra propia tierra, esa voz se quiere callar de forma oficial por parte de un gobierno que ha dejado de ser filipino en cuanto a lengua y cultura y que se ha distinguido por la persecución sistemática del idioma español como lengua oficial y como asignatura regular en el nivel universitario.

El Dr. Edmundo Farolan, se ha convertido en un verdadero trotamundo que lleva la antorcha del originario filipinismo en la mano. Y esa antorcha ha pasado ahora en las manos del Profesor Manuel Montoya para admiración y gratitud de todos los que nos preciamos de filipinos.

Esperamos que después de este triunfo en la Bretaña Occidental de Francia, se presente el Dr. Farolán ante la sede de la Real Academia Española para averiguar qué se sabe en dicha institución, asentada en Madrid, sobre esta lejana Academia Filipina de nuestros días, y que igualmente les informe sobre este acontecimiento en la Universidad de Bretaña Occidental.

En Manila, hemos tenido el placer de leer la magnífica conferencia que el Profesor Manuel Montoya dictó en la mencionada universidad francesa y le hemos de felicitar por la pericia que nos demuestra sobre esta materia tan singular como fascinante. Sus alumnos franceses han de ver en el estudio que han de hacer de la literatura filipina una semejanza a la suerte de su idioma en el Vietnam como en Nueva Orleans.


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SEMBLANZA DE MANUEL BERNABÉ Y HERNÁNDEZ
Manuel García Castellón, Universidad de Nueva Orleans (EE.UU)


Como otros muchos poetas de su generación , Manuel Bernabé Hernández (Parañaque, 1890 – Manila, 1960), el último de los grandes poetas hispanofilipinos, se formó con los jesuitas del Colegio conocido como Ateneo de Manila. De allí pasó a estudiar Derecho en la Universidad de Santo Tomás. Se inició en el periodismo en 1912 trabajando para La Democracia (que dirigía Trinidad Pardo de Tavera) y, hacia 1918, para La Vanguardia. Hasta su muerte, fue uno de los literatos más estimados en la sociedad culta de Manila.

Lírico por naturaleza, Bernabé escribía versos ya a los diez años de edad, sorprendiendo a sus preceptores con sus traducciones de Virgilio en octavas reales. Como poeta, hacia 1913 se hizo conocido al ganar varios premios literarios en breve lapso de tiempo. En 1925 pone en castellano la versión inglesa que Edward Fitzgerald hiciera de los Rubbayyat. Esta traducción de Bernabé, prologada por Cecilio Apóstol, fue alabada por Blasco Ibáñez y mereció el Premio Zóbel del año siguiente. Sin embargo, pasan cuatro años antes de que se publique su primer libro, Cantos del Trópico (1929), editado por Jaime C. de Veyra.

En su poesía primeriza es visible la huella formal de Bécquer, así como la de los modernistas Villaespesa, Oteyza, Darío, Rueda y los dos Machados, pero su acendrada piedad religiosa y su conservadurismo no le permitieron una sensualidad modernista a lo Balmori. Reserva su emoción más bien para los temas religiosos, heroicos o nativistas.

Con Jesús Balmori, a quien le unía fraternal amistad, popularizó las justas poéticas llamadas “balagtasan”, nombre en honor al poeta tagalo Francisco Baltazar o Balagtas. En 1931 accedió a la Academia Filipina de la Lengua, lo que conllevaba el título de Correspondiente de la Real Academia Española. En 1950 fue laureado como Poeta Nacional de Filipinas.

Como docente, impartió cursos de lengua y literatura españolas en la Universidad Nacional, en la Far Eastern University y en el Instituto Español de San Juan de Letrán. También enseñó en la Philippine Law School.

Fue asesor técnico para asuntos filipino-hispanoamericanos con los presidentes Quezón y Quirino, lo cual le dio la oportunidad de realizar viajes diplomáticos, entre ellos uno a España en 1950. En aquella ocasión, la entidad cultural “Alforjas para la poesía” organizó un emotivo acto de confraternización hispano-filipina en el Teatro Lara, de Madrid, para dar a conocer en España la obra de Manuel Bernabé. Fueron clamorosos los aplausos al oir aquellos versos venidos de un lejano y exótico ultramar hispánico. Asistieron al acto José María Pemán, José García Nieto y Antonio Medrano. En 1957, su amigo Claro M. Recto le prologa su poemario Perfil de Cresta.

Hasta su jubilación trabajó en la Biblioteca Nacional, donde se encargó de traducir y editar los escritos tagalos de Marcelo H. del Pilar. Su muerte privó a Filipinas de un gran paladín de las letras y la cultura hispánicas (en Cantos del Trópico hay una sección de poemas evocadores de España, y una de las secciones de Perfil de Cresta se titula “España metida en el alma”). Miembro de la Falange Filipina fundada por Zobel de Ayala, el gobierno español del General Franco premió sus esfuerzos pro-hispanistas —a la vez que su afinidad ideológica— al concederle la insignia del Yugo y las Flechas en 1940 y nombrarle Caballero de la Orden de Isabel la Católica en 1953.

Perfil de Cresta, que recoge los poemas de juventud y madurez del autor, a la vez que muestra los acentos estilísticos propios de la poesía hispano-filipina (coloniales décimas, consabidos alejandrinos, religiosidad, homenaje a España...), supone también la superación del dilatado modernismo filipino y, por tanto, la adscripción al espíritu de las generaciones surgidas a partir de 1927. En este sentido, destacan la gracia de los romancillos de “Bendito mi gallo blanco” o las quintillas neo-gongorinas de “Jacinta Alcaraz.” La influencia lorquiana es más obvia en “Como el cisne sobre el agua”.

Para la presente antología hemos seleccionado “Himno al Sagrado Corazón”, así como algunos poemas de Perfil de Cresta: “La romería de la muerte” “Canta, poeta (A Salvador Rueda)”, “Filipinas a España” y “Bendito mi gallo blanco”.

El “Himno al Sagrado Corazón de Jesús” es de interés cultural-religioso. Se utiliza el tema del motete para insistir en la necesidad de unión territorial filipina. Se cantó en castellano hasta que la paraliturgia popular comenzó a preferir las lenguas nativas.

“La romería de la muerte” (escrito hacia 1944), con intertextualidades del poema modernista “La vuelta de los vencidos”, de Luis de Oteyza, testimonia del trato humillante y racista dado a los prisioneros filipinos por parte de los captores japoneses en la II Guerra Mundial.

En “Filipinas a España” (1913) hay un eco del viejo krausismo español, teoría que propugnaba que la nación colonizadora, con noble desinterés, ejerciera ejemplar tutela sobre la nación independizada hasta que ésta fuese capaz de firme andadura en el concierto de los pueblos del orbe. Tras tres siglos de tutela, Filipinas debe dejar el regazo de la Madre Patria, pero se va ornada para siempre de un ajuar de religión, fe, idealidad, dignidad, idioma.

Selección de poesías de Manuel Bernabé


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ESPAÑA Y SU LEGADO: Recordando las palabras de Claro M. Recto
Tony P. Fernández


En 1965, el Congreso de Filipinas aprobó una ley para intensificar el estudio del español en las escuelas, colegios y universidades para dar más empuje al movimiento hispanista-la conservación del idioma- en el país, Este tema de la permanencia del idioma español en nuestra patria y con él nuestra cultura nacional, es una cuestión muchas veces planteada y discutida que al parecer no ha sido resuelta definitivamente hasta ahora.

Mirando atrás, y frente a la oposición y hasta desdén de muchos filipinos al idioma español, que ahora se escribe y se habla cada vez menos, me place recordar el llamamiento y defensa del idioma castellano que dirigió al pueblo filipino, el formidable e indiscutible Adalid del Hispanismo Filipino de todos los tiempos, el Senador Claro M. Recto, que en uno de sus discursos sobre el idioma dijo lo siguiente:

Nos preguntan y no acertamos a dar cabal respuesta, hasta donde nos hemos afanado en formar opinión sobre el verdadero concepto de nuestro hispanismo, para de ese modo deshacer las estupidas patrañas y fantasmagorías que han creado en nuestro ambiente un vivéro de prejuicios y malquerencias. Nuestra lasitud y complacencia han sido causa de que la mala fe de unos pocos haya tomado ventaja de la candidez de los más con mengua y deterioro de nuestra posición.

La propaganda adversa se ha puesto a desfigurar hechos y conceptos con la maligna y torcida insinuación de que nos mueve el afán de imitar instituciones y sistemas políticos propios del temperamento peculiar de los españoles y del momento actual de España, cuando no un diletantismo infecundo y trasnochado por cosas de España de los días coloniales, o la afición morbosa por una literatura que conceptuan, en la osadía de su ignorancia, o en la miopía de su incomprensión, debíl y sentimental, que encubre bajo una opulencia de palabras inanidad y penuria de pensamientos, o la nostalgia de un pasado lejano poblado de fantasmas históricos, que no volverá. Hasta nos juzgan culpables de traición a los ideales por los que Rizal y otros patriotas de su tiempo hicieron labor de propaganda y construyeron un cuerpo de doctrina política y llevaron hasta el cadalso, íntegra y pura, la esencia de su fe.

Los cargos son falsos de toda falsedad, eso lo sabemos, y por eso, es preciso, con precisión, inaplazable, inculcar en la mente de nuestro pueblo, y de la juventud, en particular, el concepto de que, aparte la vaguedad del vocablo, nuestro hispanismo, en punto a finalidad, y como aspiración y propósito, poco tiene que ver con España, y mucho con nosotros mismos, porque el español, por cuya conservación y difusión luchamos, que a eso se reduce a fin de cuentas nuestro hispanismo, es algo que ha llegado a ser nuestro propio, consustancial, por fuero de historia y de espiritualidad, por razones de presente y por exigencias del futuro, que sin él quedará grandemente menguado el inventario de valores de nuestro patrimonio cultural y desconyuntada toda prefiguración del futuro de nuestra nacionalidad.…**


Por boca pues de unos de los más insignes hispanistas de Filipinas, y al dirigirse al pueblo filipino, Claro M. Recto, invariablemente defiende nuestro hispanismo, considerándolo como ‘cosa nuestra’. “Filipinas ama a España por su Legado”, tal fue el tema que desarrolló Claro M. Recto durante toda su vida privada y pública. Un tema que debería ocupar a muchos jovenes filipinos de hoy que profesan devoción al idioma español y su conservación para las generaciones venideras.

A esos que rechazan el elemento hispánico en nuestra cultura nacional, habría que recordarles que toda cultura es híbrida. Además ¿por qué negarlo o evitarlo? ¿Queremos reemplazar esta preciosa herencia? ¿Con qué? En el momento mismo que los conquistadores de Magallanes pisaron el territorio de Filipinas nació una nueva cultura. ¿Quién iba a imaginar que del contacto de Magallanes y los tribus de Humabon que salieron de sus casas de nipa*, iba a nacer la cultura filhispana?

Sin embargo, triste es admitirlo, desde que Recto hizo el discurso que dirigió a sus compatriotas en 1965, sus palabras y su llamamiento, al parecer no han llegado a los oídos de los filipinos, pues hoy la situación del idioma español en Filipinas no es nada alentador, a pesar de que han nacido sociedades de iniciativa filipina sin otro objeto que el conservar el castellano. Debemos también señalar que en nuestra Constitución, el idioma español ha dejado de ser como lengua oficial juntamente con el inglés. Y en lo tocante, a su enseñanza, hoy el estudio del castellano queda a la voluntad del alumno, que lo puede escoger o sustituir por otro idioma extranjero.

Tal es el retrato fiel de la situación del idioma castellano en nuestro país. Lo cual no quiere decir que el movimiento hispanista ha muerto, puesto que durante estos últimos años, éste ha dado señales de vida y resurgimiento en nuestro país, gracias a los jovenes filipinos que hoy defienden y afirman su deseo de conservar y de no abandonar nuestra herencia hispánica.

Por último, en dicho discurso que pronunció Recto en su prosa clara y llana también dijo lo siguiente:

Un día que no es lejano, me iré a España llevando en el corazón un relicario de afectos y emociones, y en la mente el recuerdo imborrable de épocas lejanas y fastos gloriosos, y en las manos un vaso “de insigne devoción” que encierra la esencia de lo más noble en este predio familiar; y les diré a mis hermanos españoles que el idioma de Cervantes tiene raíces profundas en la historia de nuestro nacionalismo que no se pueden arrancar sin falsear su sentido, tiene raíces profundas en nuestro corazón que no se pueden arrancar sin hacerse éste pedazos, y tiene asimismo raíces profundas en nuestra alma que no se pueden arrancar mientras haya un templo en nuestras ciudades y pueblos, y en cada templo una cruz y, coronándola, como un halo de resplandor perenne, la divina promesa de que al otro lado del calvario están la resurrección, la gloria y la eternidad.**

En 1960, Recto salió de Filipinas para emprender su ansiado viaje a España y la América Española como Embajador Extraordinario y Enviado Cultural para dar varias conferencias. Por desgracia, estando en Roma camino a España, sufrió un ataque cardíaco que puso fin a su fecunda y brillante vida literaria y política, el dia 2 de octubre de aquel año.

Para concluir, permitidme relatar lo que observé en una reunión durante la visita a Ottawa de la Presidenta Gloria Macapagal Arroyo, el año pasado. En dicha reunión, estaban varios senadores filipinos, entre ellos el Senador Raffy Recto, nieto de Claro M. Recto. Os digo que fue una sorpresa lo qué pasó. Cuando el embajador filipino de Canadá, Francisco Benedicto me presentó al Senador Raffy Recto, le hablé en español, pero el nieto me dice: “Perdóname, pero no hablo español.” “Por Dios!” me dije a mí mismo, “¡Quién iba a pensar que el nieto de Recto no hable el castellano!” Por eso, estoy convencido que el idioma español, que heredamos de nuestros padres, va desapareciendo con los hijos de nuestros hispanoparlantes que en su mayor parte solo chapurrean el idioma de Rizal y Recto.

NOTAS:

*La palabra “nipa” se refiere a caseríos de los indígenas.

**El fragmento de este discurso de Recto lo tomé de El Debate de Manila en su edición del 8 de febrero de 1966.


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PROVINCIA, SÍ; COLONIA, NO
Antonio Molina, Academia Filipina


El navegante portugués Fernando de Magallanes, llega a Filipinas el 16 de marzo de 1521. Cuando posteriormente desembarca en el puerto de Cebú de dicho país, celebra el llamado Pacto de Sangre, en cuya virtud el rajá Humabon se reconoce vasallo del Rey de España y, en pie de igualdad con los demás territorios componentes del Imperio español, compromete sus recursos militares en función de alianza y de mutua defensa. Muy poco después este convenio fil-hispano encuentra ocasión de cumplirse cuando Magallanes y sus gentes aprestan a defender al rajá Humabon contra la rebeldía del rajá Lapulapu, de la vecina isla de Mactán, ocasionándose incluso la muerte en combate del propio Fernando de Magallanes.

Casi cuarenta y cinco años después, en 1565, justamente el día 27 de abril -tal la fecha de la muerte de Magallanes en 1521-, Miguel López de Legazpi, al mando de una expedición procedente de México, habiendo arribado al mismo puerto de Cebú, concierta otro Pacto de sangre con el rajá Tupas -descendiente del régulo Humabon- casi en los mismos términos en que éste lo hiciera con Magallanes. Antes lo había efectuado con el rajá Sikatuna en la isla filipina de Bohol. Más tarde, instalado ya en Manila, Legazpi concluye sendos convenios similares con los régulos Matandá y Lakandola. En todos estos acuerdos, los dirigentes de nuestras islas reconocen la soberanía del Rey de España, del que se confiesan vasallos, y se incorporan al Imperio ultramarino español, siempre en pie de igualdad con los demás componentes del mismo.

No obstante, años después, el primer Obispo de Manila, Mons. Domingo de Salazar, O. P. convoca una especie de Sínodo, con asistencia de las autoridades eclesiásticas, gubernamentales y militares, para dilucidar, entre otros puntos, la legitimidad del dominio político-militar español en Filipinas. Se reconoce que el único título válido para el ejercicio de la soberanía española es el libre consentimiento de los naturales de las islas, a quienes pertenece gobernarse. Se entiende también que los españoles han suscrito pactos en virtud de los cuales los dirigentes nativos han optado por someterse al dominio español. Así y todo, se arguye que, de hecho, en muchas otras localidades no se han realizado convenios de esta naturaleza. Por consiguiente, visto que, no obstante, en ellas los españoles se permiten gobernar, es menester obtener el consentimiento de dichos súbditos, so pena de incurrir en ilegalidad y pecado. Esta conclusión, entre otras, se hace llegar al conocimiento del Consejo de Indias, que la aprueba. Mons. Miguel de Benavides, O. P., que acompaña a Mons. Domingo Salazar a España para este propósito, una vez fallecido éste, remata la misión que había traído a ambos a la corte española, obteniendo del rey Felipe II el oportuno Real Decreto en cuya virtud debería convocarse una especie de plebiscito entre los naturales de Filipinas para recabar su libre aceptación de la soberanía española. A su regreso a las Islas, Mons. Benavides da a conocer dicha resolución del monarca, la cual se lleva a cabo con su promulgación pública por el pregonero oficial de Manila el día 4 de agosto de 1598, a partir del cual se desplazan las comisiones correspondientes por las distintas regiones de Filipinas para recoger la respuesta de los habitantes, que, en su inmensa mayoría, acatan el dominio de España.

Filipinas se une, pues, al imperio español como miembro de pleno derecho. Que la decisión filipina se realizara con entero conocimiento y con libertad plena lo demuestran los casos de los consultados en la provincia de La Laguna que, declarándose conocedores de la importancia de la consulta, solicitan el plazo de un año para dar cumplida respuesta toda vez que, estimaban que habría de sopesar seriamente los pros y los contras de la decisión, y de la provincia española de Pangasinán en que los votantes aceptan el dominio español a condición de que antes se les restituyan los tributos entregados hasta entonces que reputaban ilegales por haberse exigido antes de que dieran su reconocimiento de la soberanía de España. Ambas solicitudes, por cierto, fueron acogidas favorablemente por la administración española. Queda, pues, así legitimada la incorporación de Filipinas a las llamadas Las Españas.

Y la vigencia de esta consulta se mantiene durante siglos, como lo demuestran estos casos: El Gobernador General, Narciso de Clavería, en 1846, visto que algunas regiones musulmanas habían rechazado el régimen español, juzgó oportuno repetir el plebiscito, en gancia a los años transcurridos, que podrían indicar resolución contraria por las generaciones posteriores al referendum inicial de 1598. Conseguidos los resultados, los transmite al gobierno de Madrid. Más tarde, empero, el mismo Gobernador General comunica su error al haber indicado que ciertas regiones involucradas habían respondido afirmativamente cuando, en realidad, habían significado su oposición a la soberanía española.

En consecuencia, pide al Gobierno central que se abstenga de ejercer ningún dominio sobre dichas regiones, que deberán gozar de independencia propia. En 1880, por su parte, el Gobernador General Fernando Primo de Rivera, con los mismos propósitos que su antecesor, pretende conseguir el acatamiento de los habitantes de la llamada Provincia Montañosa, habitada por tribus paganas, cuyos antepasados habían votado negativamente en el plebiscito en cuestión. Pero, esta vez, el ejecutivo español, equivocando el espíritu de la consulta, hace saber a los indígenas de dicha región que, si transcurrido un plazo señalado, no acatan la soberanía española, enviaría una expedición militar para obligarles al sometimiento. Así acontece, visto el resultado negativo de la convocatoria en algunas zonas de la Provincia. Conseguido el éxito militar, el Gobernador General Primo de Rivera comunica a las autoridades de la Península que, de resultas de la expedición, al fin, después de tantos siglos, en la Provincia Montañosa ondea soberana la bandera de España. Casi a vuelta de correo, el gobierno central cursa órdenes al Gobernador General Primo de Rivera para que inmediatamente retire de dicha región toda fuerza militar y se abstenga de ejercer ningún mando político sobre la misma, que deberá permanecer independiente, porque las leyes españolas no permiten que se gobierne un territorio sin el consentimiento de sus habitantes. La orden es cumplimentada cabalmente.

Legitimada, como queda dicho, la soberanía española en Filipinas por el libre acatamiento de los naturales de aquellas islas, en el plebiscito de 1598-1600, se sucederán muchísimos años de vigencia de la política ultramarina de los Austrias y Habsburgos en el trono de España. Cuando, en 1700, la Casa de los Borbones pasa a ocupar este trono, por mimetismo calculado suprime el Consejo de Indias, que ostentaba la representación de las posesiones de Ultramar y, en su lugar, crea el llamado Ministerio de Ultramar, calco fiel de sus homónimos de Inglaterra, Francia y Holanda.

Filipinas, en consecuencia, deja de gozar de la condición de provincia regular de España, para conceptuársela como "colonia de la Corona", evidente situación de inferioridad y desigualdad, en contradicción radical con lo que los filipinos habían convenido con España. Este giro va a ocasionar un visible malestar entre los filipinos, de los que surge una protesta de disconformidad todavía sin cuajar, empero, en manifestaciones violentas.

Cuando sobrevienen las llamadas guerras napoleónicas, al verse involucrada en ellas la Península española, tras los inevitables avatares político-militares, se precisa del auxilio y el apoyo de sus posesiones allende los mares. Para conseguir cubrir esta necesidad y, con tino de estrategia, el gobierno legítimo reunido en la Isla de León promulga el Decreto de 15 de octubre de 1810 en el que se afirma categóricamente que "las posesiones españolas ultramarinas en ambos hemisferios forman con la Península un sólo reino, una sola misma nación, y una familia y, en consecuencia, los naturales de dichos lugares disfrutan de los mismos derechos que los nacidos en la Península". Posteriormente la Constitución española de 1812 especifica expresamente cuáles sean esas posesiones; son, a saber "las regiones españolas comprendidas por la América septentrional, la América meridional y las Islas Filipinas" (Const. art. 11). Así, ya puede el gobierno español en la península exigir los servicios de los habitantes de América y de Filipinas para que acudan en defensa de la independencia de España contra las invasiones del déspota Napoleón Bonaparte, porque, al hacer tal, tan sólo estarían defendiendo su propia patria. La respuesta americana no es unánime; es más, algunos de los territorios aprovechan la coyuntura para emanciparse de España declarando su propia independencia. Filipinas, en cambio, se mantiene leal y, dentro de sus posibilidades, defiende los derechos e intereses de España como suyos, toda vez que ha aceptado la susodicha Constitución, proclamada en Manial el 27 de septiembre de 1812, organizándose, incluso, una Junta Preparatoria para la elección por voto popular de los representantes filipinos a las Cortes Españolas. Esta lealtad va a merecer, luego, la recompensa y el reconocimiento por parte de España, con el Real Decreto de 8 de mayo de 1826, en cuya virtud se autoriza a la ciudad de Manila -capital de Filipinas- a que luzca la Corona Real sobre el Castillo que figura en su Escudo de Armas. Este aditamiento honroso se adopta solemnemente el día 4 de julio de 1827.

Así y todo, la política española en Filipinas vuelve a ser borbónica. Por eso, el Decreto Real de 4 de julio de 1861 establece en Filipinas un Consejo de Administración, copia fiel del que se estableció por Francia en Argelia cuando el imperio napoleónico. Una vez más, Filipinas deja de ser provincia regular española para pasar a ser "colonia" real. Para mayor confirmación, la Constitución española de 1876 dispone que Filipinas, al igual que las demás posesiones españolas en Ultramar, con excepción de Cuba y Puerto Rico, se gobernará por leyes especiales, no siendo aplicable ni vigente en el Archipiélago filipino dicha Constitución. He aquí la expresión visible del origen del conflicto fil-hispano que durará veinte años. El lema de la convivencia fil-hispana desde los tiempos del descubrimiento ha sido: "Filipinas con España", refrendada por los filipinos en su inmensa mayoría. Mas, ahora, por disposición constitucional, se impone otro lema, cual es: "Filipinas bajo España". Al no habérselo consultado al pueblo filipino y al contradecir abiertamente la política consentida y del agrado de los filipinos como habitantes de una provincia regular de España y no súbditos inferiores suyos, se inicia ya una posibilidad de apartamiento, cuando no de separación, en relación con España. Se cierne el asomo de un nuevo lema: "Filipinas sin España".

Hacia 1882 en la península española se instala un grupo de jóvenes estudiantes filipinos, sobre todo en Barcelona y Madrid, cuyo pensamiento político es justamente el retorno a la concepción de Filipinas como provincia regular de España que riñe con la situación en que se encuentra entonces. No se piensa en la independencia de Filipinas, aún no, por lo que a estos filipinos se unen, sin reparo ni sospecha, los mestizos y los españoles nacidos en Filipinas. Al apiñarse en un grupo más o menos homogéneo, que formará lo que se conocerá luego como "La Propaganda", va a ser la que emprenda una campaña reformista y de ningún modo separatista.

En 1889, con fecha de 18 de enero, un Real Decreto, por directa inspiración del Ministro de Ultramar, Manuel Becerra, declara sin ambalajes lo siguiente: "La identidad política entre pueblos que configuran una nación soberana no es posible cuando la distancia, el clima, las características raciales y la diversidad de costumbres, necesidades y recursos marcan grandes diferencias como ocurre entre España y las Islas Filipinas". La reacción filipina no se hace esperar: el 15 de febrero del mismo año, antes de que transcurriera un mes, los filipinos de Barcelona fundan un quincenario, llamado "La Solidaridad", para protestar contra esta discriminación racial y, al mismo tiempo, abogar porque se adopte de una vez la política anterior, según la cual Filipinas era una provincia regular de España y los filipinos gozaban de todos los derechos de los españoles de la Península.

En esta épica lucha van a sobresalir los filipinos Marcelo Hilario del Pilar, abogado, y José Rizal Mercado, Médico. Con bien recortada pluma, ambos escribirán en La Solidaridad elocuentos artículos en defensa de su ideario político, rebatiendo de paso, de modo convincente, cuantos pretextos se alegaban para defender el colonialismo de Filipinas. Más tarde, empero, Rizal y Del Pilar tomarían rumbos distintos al no convenir en los medios que deben emplearse para lograr el objetivo deseado. Rizal porfía en que ha de ser por vía pacífica como los filipinos conseguirían su ideal político. En cambio, Del Pilar se convence de que el único recurso factible es el de la violencia armada. Al trasladarse, pues, la lucha política a Filipinas y ya no por medios pacíficos, el quincenario La Solidaridad pierde toda razón de ser y deja de publicarse el 15 de noviembre de 1895. Por su parte, Rizal publica sendas novelas en las que hace apología convincente de su tesis. Posteriormente, ya en Filipinas, insta la fundación de la "Liga Filipina", asociación patriótica que labora por las reformas precisas, siempre por medios pacíficos.

Por paradójico que resulte, Rizal, enemigo de los medios violentos, emprende la lucha política en pro de los derechos de los filipinos en tierras filipinas, mientras que Del Pilar, amigo del alzamiento en armas, no abandona la Península, desde donde indicará a sus seguidores en Filipinas que deben fundar una sociedad clandestina que se apreste al recurso de las armas para lograr la independencia de Filipinas. Rizal fracasa en su empeño. Es más, víctima de un mayúsculo error político, se le encausa por el delito de rebelión, una vez que ha estallado la revolución, en la que Rizal no ha participado en modo alguno, y es fusilado el 30 de diciembre de 1896. La revolución aludida estalló en agosto de ese mismo año cuando los filipinos toman las armas, al mando de Andrés Bonifacio, que, conforme con el pensamiento de Marcelo Hilario del Pilar, había fundado la asociación secreta revolucionaria, conocida con el nombre de "Katipunan".

La sima abierta es ya insondable. Como no se ha atentido el deseo filipino de que Filipinas conviviera con España y no bajo ella, ha habido que optar por un tercer recurso: Filipinas sin España. Se hace, pues, firme la voluntad popular: "Provincia, sí; colonia, no".

Debe decirse que la revolución filipina destacó por la bizarría, el denuedo, el valor y el sacrificio de ambas partes contendientes. Más, no puede decirse que se luchara con odio y rencor. Demuéstranlo estos episodios, que reseñamos seguidamente.

En el pueblo de Silang el escaso destacamento español y los contados residentes de esta nacionalidad se refugian en el convento parroquial al producirse el alzamiento filipino. Los alzados instan repetidamente la rendición de los españoles, que éstos rechazan todas las veces. Unos días después se sorprende al hijo de pocos años del jefe militar de la guarnición. Se había quedado rezagado cuando se produjo la huída al convento. Los revolucionarios, entonces le envían con bandera blanca y acompañado por un matrimonio filipino, para entregar a su padre una última intimación, indicando que de no hacerlo, matarían al niño. Ni que decir tiene que, ante tan aparente muestra de sobrada ingenuidad por parte de los filipinos, el padre aludido, sargento de la Guardia Civil, retuvo a su hijo y despidió al matrimonio con encargo de comunicar a los rebeldes que los soldados no se rendían. Cuando los superiores del ejército revolucionario se enteraron del asunto, censuraron al jefe filipino por su imperdondable candor. Más, este les respondió que conocía muy bien el genio y carácter de los españoles. Estos se rendirían. En efecto, al día siguiente del incidente, el destacamento, con los paisanos civiles, al mando de dicho sargento se entregó al ejército filipino, porque al decir de éste, ni él ni los demás españoles podrían ser menos decentes y honorables que el enemigo, que había confiado a su hijo al honor de su padre.

En el tercer distrito de la isla de Mindanao, en Surigao concretamente, dos cuerpos del ejército filipino hicieron su entrada desde dos puntos opuestos. El primer grupo se apoderó del Ayuntamiento y la Guarnición local, ambos locales enteramente deshabitados; el otro, subió al convento parroquial haciendo prisionero al párroco, el jesuita Alberto Masoliver. Seguidamente los comandantes de ambos cuerpos aspiraron al mando del pueblo conquistado. El primero apoyaba su derecho en que había ocupado las dependencias gubernamentales; el segundo, a su vez, razonaba que tal había sido una victoria huera, toda vez que dichos lugares estaban vacíos, mientras que, en su caso, tenía en su poder al único prisionero de guerra.

Antes de que se enconaran más los ánimos, el Padre Masoliver les recuerda, que, según ellos mismos, luchaban en nombre de la república democráticamente, o sea, mediante el voto de los habitantes y de los componentes de sus fuerzas. Logra convencerles, y se celebra la votación pertinente con la particularidad de que se encarga al propio párroco jesuíta a que sea el escrutador oficial, quien anuncie los resultados de la consulta electoral. ¡Insólito!.

Aludamos, por último, al médico español Manuel Hernando, que, con motivo de la revolución, asumió al mando de una fuerzas que se enfrentaran con los revolucionarios al norte de la ciudad de Manila. Varias veces durante la campaña, este médico atravesaba las filas enemigas hata ser sorprendido al final. Interrogado por los militares filipinos, confesó paladinamente que su conducta no obedecía a ningún intento de conseguir información militar, sino que se trataba de visitar a su novia filipina. Citada ésta ante los mandos filipinos, confirmó la versión del doctor Hernando. Sin más dilación, se le proporcionó un salvoconducto para que pudieran hacer esas visitas cuando le viniera en gana. No hace falta decir que, poco después, dicho médico se pasó a las filas revolucionarias. Con los años, adquirió la nacionalidad filipina y llegó a ocupar el cargo de Director General de Sanidad de Filipinas.

Hay un momento en que las aguas parecen retornar a su prístino origen. A mediados de 1897, se inician unos pasos en orden a conseguir un entendimiento entre españoles y filipinos en aras de la paz y en gracia a su trisecular convivencia. El prestigioso filipino Pedro Alejandro Paterno actúa de intermediario entre ambas partes, mereciendo la confianza tanto de las autoridades españolas como de los dirigentes filipinos.

Tras las prolijas negociaciones en un ambiente de mutua buena fe, el Gobernandor General Fernando Primero de Rivera, por parte española, y el General Emilio Aguinaldo, en nombre de los revolucionarios filipinos, suscriben el llamado Pacto de Byak-na-bató, en cuya virtud los filipinos vuelven a reconocer la soberanía de España en Filipinas y, a su vez, la administración española se compromete a introducir las reformas políticas y sociales que los filipinos estimaban imprescindibles para ver satisfechos sus ideales políticos. Se está, pues, a un paso de ver restaurada la aspiración filipina; es a saber, "Provincia, si; colonia, no".

Pero, un tercero en discordia va a hacer imposible el cumplimiento del tratado de paz. Nos referimos a los Estados Unidos. Hacen la guerra contra España y, luego, con dolo imperdonable, traicionan a los filipinos, entonces aliados suyos, negándoles la independencia prometida e imponiendo su soberanía sobre Filipinas. Lo que acontece posteriormente ya es otra historia.

Hay que destacar, empero, el clímax que alcanza la problemática hispano-filipina. En el lejano y aislado pueblo de Baler, el reducido destacamento español y los pocos residentes españoles del lugar, se hacen fuertes en el convento del pueblo, desafiando a los filipinos nuevamente alzados en armas. Un año dura el asedio filipino. Al fin, convencidos de la derrota de España en el país, este puñado de españoles se rinde a las fuerzas del ejército filipino. Cuando lo hacen, es mayúsculo su asombro grato al comprobar que, a la salida del convento, para entregar sus armas, son recibidos por números del ejército filipino en uniforme de gala, que les rinden honores militares.

Luego después, el general Aguinaldo, en su condición de Presidente de la República de Filipinas, libre, soberana e independiente, expide un Decreto en el que se declara: "Habiéndose hecho acreedoras a la admiración del mundo, las fuerzas españolas que se ha sostenido en su guarnición de Baler por el valor, la constancia y el heroísmo con que ese puñado de hombres aislados sin ninguna esperanza de auxilio, han defendido su bandera durante un año, logrando una epopeya tan gloriosa y tan digna de la bravura de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo homenaje a las virtudes militares, y expresando los sentimientos del Ejército de esta República, que gallardamente ha luchado contra ellos, por Consejo del Secretario de Guerra y de conformidad con mi Consejo de Gobierno, vengo en decretar lo siguiente: Artículo único: Los individuos que componen las fuerzas antedichas no se considerarán prisioneros de guerra, sino amigos y, en consecuencia, se les proveerá por los Cuarteles Generales de los pases necesarios para su regreso a su país. Dado en Tarlak el 30 de junio de 1899.- El Presidente de la República, Emilio Aguinaldo.- El Secretario de Guerra, Ambrosio Flores.

¿Cabe rúbrica más pundonorosa que selle la historia de una convivencia entre dos pueblos durante más de tres siglos largos?

SEECI 2000, Nº 1 - Marzo 1998 (Págs. 35-40)

1 comentario:

Wilson dijo...

Estuve leyendo la revista y, como hispanoparlante, me parece muy buena, por cuanto además de resaltar valores filipinos, habla de la extensión e importancia del idioma español en el mundo.Vivo en Uruguay y soy poeta, por lo que en mi caso,el idioma es un muy importante instrumento, no sólo para comunicarme diariamente, sino también para canalizar mis creaciones. ¿Continúan editando la revista?