lunes, abril 18, 2011

Gloriosos Recuerdos: homenaje al Dr. Hilario Ziálcita y Legarda (1913-2011)

Fue enterrado esta mañana el Señor Don Hilario Ziálcita y Legarda: poeta, radiólogo, y académico más antiguo de la Academia Filipina de la Lengua Española. Publico aquí un artículo y un poema dedicado a él por uno de sus amigos queridos, el Señor Guillermo Gómez Rivera.


Izquierda a derecha: el poeta Edwin A. Lozada, Don Hilario Ziálcita y Legarda, Javier Galván (ex-director del Instituto Cervantes de Manila). Foto tomada el 27 de junio de 2002 en el Casino Español en Ermita, Manila.

UN CABALLERO CRISTIANO ADEMÁS DE SENCILLO POETA
Guillermo Gómez y Rivera


Le conocí en los años 60 al Dr. Ziálcita en su clínica de radiología, ubicada en la antigua casa de los Nákpil, en la Calle Barbosa, arrabal de Quiapò, Manila.

Amable, simpático, culto representaba toda la preciosa cultura hispana de Filipinas.

Bien leido, escritor y poeta, además de médico, siempre venía a visitarnos en las oficinas y la biblioteca de la Solidaridad Filipino-Hispana, Inc. al que se hizo socio.

Nos invitó, una vez, a poner un programa de bailes españoles en la sala de la antigua casa de su familia. La que hoy es la casa de Julio Nákpil. Y disfrutó inmensamente de la compañía de nuestros alumnos.

Curó, gratuitamente a uno de nuestros empleados que se quejaba de un quiste en las nalgas. Lo sometió a su radiología y le compró, él mismo las medicinas, que necesitaba.

Y así, a lo largo de los años, siempre nos saludábamos en funciones y reuniones culturales de caracter pro fil-hispano.

Lo que consideraba como una muy buena noticia para la hispanidad fue lo que él denominaba como “la pronta latinización de Estados Unidos”.

El Dr. Hilario Ziálcita y Legarda representaba lo que antes era el Quiapò de los mejores tiempos con sus casas ancestrales, sus calles bonitas, la Calle Barbosa, la Calle de Hidalgo, la Plaza del Carmen y la Iglesia de San Sebastián. Cuando dejó de vivir en Quiapo, este arrabal pareció perder su alma y su poesía.

Un día memorable para fue cuando un antiguo residente de Quiapò, Francisco Arlegui, volvió de España para ver, por última vez, Filipinas. Una de las calles principales de Quiapò es la Calle Arlegui, y Don Francisco estaba muy contento cuando Don Hilario y Don Francisco Zaragoza, otro quiapense, se reunieron con un servidor para dar una vuelta por todas las calles de Quiapò. Era una ocasión feliz por romántica a la vez de nostólgica. Afortunadamente tengo las fotos y algún día las voy a mandar subir al internet para que se vuelva a saborear aquella alegría que los cuatro sentimos en aquellos inolvidables momentos. Allí Don Hilario entre nosotros, contentísimo en señalar cada calle, cada esquina, cada casa con algún bonito reucerdo del pasado y de su juventud.

Ahora, ya llegó el fin. Pero es un fin glorioso porque Don Hilario supo vivir toda una vida de gran cultura, de poesía, que él también escribía, y de una historia filipina que muy pocos entre nosotros todavía conocemos y atesoramos. Hasta pronto mi querido Don Hilario. He aqui unos versos que te dediqué y te las vuelvo a dedicar en este día de tu partida.

GLORIOSOS RECUERDOS

Al recibir la compilación de poesías
Del Dr. Hilario Ziálcita y Legarda
El 12 de octubre, 2003, en Makati
Metro-Manila, ¡tuve que escribir y
Enaltecer la obra del Dr. Ziálcita que
La continúa su hijo,
El Dr. Fernando Ziálcita y Nákpil!


Sus apellidos suenan como claves
que abren calles y casas distinguidas
en el barrio quiapense…
Son las naves
de unas almas que se alzan tendidas
con versos castellanos que, cual aves,
van y vienen en páginas henchidas
de gloriosos recuerdos
que enriquecen;
o de antiguos ideales que ennoblecen.
Esa es la sensación que las poesías,
de este poeta, me dan al aspirarlas.
Tienen, del ayer, dulces melodías
que se desgranan como azules perlas
de un vistoso collar y las visiones
de unos enamorados corazones.
Testimonian el bien que hemos perdido
por desidia, flaquesa y cruel olvido
.

2 comentarios:

Don Quijote dijo...

Descanse en Paz

Enrique Caballos dijo...

Os felicito por la labor titánica que hacéis en favor de la lengua española en la tierra filipina. Vuestra semilla no cae en terreno baldío.