domingo, octubre 21, 2012

¡Viva San Pedro Calungsod!

Pedro Calungsod, el catequista filipino martirizado por defender la fe.
Foto cortesía de CBCP Online Radio.

Pedro Calungsod (1654-1672) fue un seglar catequista filipino que entregó su vida por el Evangelio, que sufrió el martirio por defender la fe, según le definió hoy el papa Benedicto XVI al proclamarle santo.
Cuando tenía 17 años, Calungsod se unió a un grupo de misioneros jesuitas españoles y viajó hasta las islas Marianas para evangelizar a los Chamorros, la etnia local, y en la isla de Guam fue asesinado y su cuerpo arrojado al mar.
Muchos de los chamorros se convirtieron, pero un curandero chino llamado Choco, envidioso de los misioneros corrió la voz de que el agua bautismal era venenosa, aprovechando que varios niños que habían sido bautizados cuando ya estaban enfermos habían muerto.
El 2 de abril de 1672, Pedro y el jesuita español Diego Luis San Vitores llegaron a la aldea de Tumon, en la isla de Guam para bautizar a la hija del jefe chamorro Matapang.
El jefe rechazó la decisión de bautizar a la niña al conocer lo que decía el curandero chino y aunque trataron de convencerle, Pedro y Diego Luis San Vitores fueron apresados.
El catequista y el jesuita fueron asesinados, sus cuerpos mutilados y arrojados al mar, donde nunca fueron recuperados.
Durante su beatificación, en el año 2000, Juan Pablo II puso a Pietro Calungsod como un ejemplo de coraje, la fe y el celo misionero.
Como mártir, el joven Diego no necesitó un milagro para ser beatificado, aunque el postulador presentó la documentación de la curación inexplicable, por su intercesión, de una mujer que sufría cáncer de huesos.
No obstante, hacía falta otro milagro después de su beatificación para abrir la vía a la canonización.
El milagro tuvo lugar en 2003, en el hospital de la ciudad filipina de Cebú, cuando una mujer considerada muerta resucitó dos horas después tras invocar al joven mártir.
Fueron los propios médicos quienes consideraron este hecho como un "milagro".
Pedro Calungsod es el segundo santo filipino tras la canonización de Lorenzo Ruiz, en 1987.

2 comentarios:

C.S.Peinado dijo...

Tremenda historia que no hace sino acentuar que, al contrario de otras potencias coloniales, los españoles dejaron en sus posesiones mucho más de loq ue se llevaron. Descanse en paz.

Un saludazo.

Roberto de Tapia García dijo...

Mil gracias por el este testimonio. Si hubieran ido a "dialogar" en vez de a "bautizar", seguramente no habrían sido mártires (intelligenti, pauca). En este año de la fe, es un buen acicate para los catequistas católicos. ¡Sin miedo a morir por Jesús!