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sábado, julio 25, 2015

Curso de español intensivo en casa

Empezando hoy, he decidido dar un estudio intensivo de este idioma a mis tres muchachos (Mómay, Jefe, y Juanito). Tanto como sea posible, me gustaría hacerlo todos los días. Desde hace varios días ya, he estado pensando en hacer esto. Y yo tenía la intención de ejecutar ese plan en este día de sábado sin saber que el día de hoy es la fiesta de Santiago Matamoros, el santo patrón de Madre España, la madre de nuestra patria filipina.

¡Me olvidé por completo el significado del día de hoy! Y ¿es mi plan y la fiesta de hoy una coincidencia?

© José Perdigón

Sé que será una tarea muy difícil para mí. Hay tantas razones por esta dificultad. Primero, mi mujer no habla esta lengua. De hecho, también estoy enseñándola a ella. Mi hija Krystal sabe español pero sólo lo básico. Aparte de mí, nadie en nuestra comunidad habla español. Inglés es el medio de instrucción en todas las escuelas aquí en Filipinas, ni los condiscípulos y amigos de mis hijos no hablan este idioma. Tampoco hay programas de televisión en español. Nuestras librerías aquí no venden libros en español. Y peor, trabajo por la noche — no puedo permanecer despierto todo el día.

Estos son algunos de los desafíos de un padre filipino de hoy en día que quiera impartir el idioma de la patria a sus hijos. Me siento como un hombre fuera de tiempo. Pero tengo que hacer lo que hay que hacer.

Pase lo que pase esta tarea tiene que ser hecho. Como siempre digo, esta es mi deber como un filipino. Además, no puedo esperar para siempre por un milagro para cambiar la situación económica de mi familia que me permitiera enviar a todos mis hijos al Instituto Cervantes o otros institutos que enseñan español.

Jefe, Mómay, y Juanito están prendiendo el idioma de Miguel de Cervantes bajo el tutelaje del "Profesor Pepe".


Estoy luchando la buena batalla. Así, la continuaré. Estoy seguro de que habrá fracasos en el camino. Pero sigo luchar por la patria, por la defensa de la identidad, y por la Fe. Espero que un día esta lucha vaya a dar sus frutos, y que mi hija menor Junífera Clarita hable español como lengua materna. Santiago Matamoros, ruega por nosotros por favor.

¡Feliz fiesta! ¡Viva la lengua! ¡Viva la Hispanidad!

miércoles, febrero 18, 2015

Filipinas, no Philippines

El nombre de mi país es FILIPINAS, no Philippines. No importa si un filipino habla en inglés o con una persona de habla inglés. En cualquier idioma, el nombre propio que un filipino se utiliza para referir al país debe ser FILIPINAS por la razón sencilla que no somos WASP usenses. Ya estábamos filipinos, incluso antes de los "americanos" nos invadieron. Nuestra identidad es hispánica. Nuestra identidad fue formada durante de más de tres cientos años dentro de la matriz amada de Madre España.

¿No les han dado cuenta? Las otras hijas de Madre España: Argentina, Bolivia, el Perú, México, Uruguay, etc. no tienen nombres equivalentes en inglés. Pues, ¿por qué insistir de llamar a nuestro país como Philippines o Pilipinas (el segundo es una abominación de los nacionalistas retorcidas y equivocadas)? Si nosotros filipinos debemos considerarnos como hispánicos también, pues necesitaríamos negar esta abominación llamado Philippine Identity y devolver la identidad auténtica basada en la hispánica que es la IDENTIDAD FILIPINA.

Imagen de Gelaxyblog.

Llamar nuestro país como FILIPINAS en vez de Philippines o Pilipinas es un buen comienzo.

sábado, octubre 11, 2014

Himno al Castellano

Federico Espino es de Pásig. Después de haber estudiado el castellano en la Universidad de Santo Tomás en ocho semestres, lamentaba no haber conseguido dominar el sonoro idioma del Manco de Lepanto; poco más tarde se enamoró locamente del castellano y se puso a estudiarlo con ahínco. No tardó en descubrir sus secretos literarios y hasta logró componer poesías al estilo de otro Federico — el poeta universal de Granada, García Lorca. Guillermo Gómez Rivera le guiaba.
 —Del libro conmemorativo 80 AÑOS DEL PREMIO ZÓBEL por Lourdes Brillantes.


HIMNO AL CASTELLANO
Federico Espino

Late cual tambor tu centro sistólico
en el pecho del Cid,
pleno de sangre viva que fermenta
cual zumo de la vid,
púrpura ardiente que canta el la lid.

Reluces como la luna eucarística
en cantigas sagradas,
en himnos de tus místicos que vuelan
cual graciosas bandadas
a divinas alturas azuladas.

Brotas rimas tu verde poesía.
Y en el recuerdo crece,
ramillete encendido que en pensiles
Ibéricos florece,
versos del vate que nace y renace.

Publicado por primera vez en su colección de poesías, CARAS Y CARETAS DEL AMOR (Quezon City: Bustamante Press, 1970, p. 25).

jueves, octubre 09, 2014

¡Nosotros filipinos somos hispanos!

Hola. Buenas tardes, amigos. En conmemoración del Mes de la Hispanidad, como un filipino patriótico tengo esta sencilla declaración. Y esto va a ser muy breve...

Si yo no soy hispano, entonces yo no soy filipino.

Porque, de por sí, la Historia y la Divina Providencia ya decretaron este hecho.

Bandera de la Hispanidad.

¡Viva La Hispanidad!


viernes, octubre 12, 2012

El Idioma Español en Filipinas (documental)


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Hace un año, la Asociación Cultural Galeón de Manila (AGCM) hizo una serie de entrevistas con unos filipinos reconocidos de habla español (http://alasfilipinas.blogspot.com/2011/10/entrevista-con-la-asociacion-cultural.html) en el Casino Español de Manila para producir un documental con el título "El Idioma Español En Filipinas" que se trata con la historia y la situación actual del mismo. Ese documental se mostrará cuanto antes en la Televisión Española y en varios canales en el mundo hispano (no hay fecha todavía). Pero el estreno del documental tuvo lugar ayer, 13:30, en la University of Asia and the Pacific (APEC Communications Bldg., Room 301) en la Ciudad de Pásig, Metro Manila.


Algunos de los entrevistados fueron Manuel Morató (ex-presidente del Philippine Charity Sweepstakes Office), la actriz Maggie de la Riva, el escolar e historiador Guillermo Gómez Rivera (también Presidente Honorario de la ACGM), Gemma Cruz Araneta (la primera delegada filipina que ganó la Miss Internacional en 1964), Teresita Tambunting de Liboro (dueña del famoso Tambunting Pawnshop, la más antigua casa de empeños en Filipinas), y yo entre otros.



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Izquierda a derecha: Valerie Devulder, Sr. Don Guillermo Gómez Rivera, Sr. Don Javier Ruescas (Secretario y Tesorero de la ACGM), Srª Dñª Teresita Tambunting de Liboro y su marido Sr. Don Andrés Liboro, y yo.

¡Muchas gracias AGCM por esta producción espléndida y noble! ¡Viva La Hispanidad!



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Hagan clic aquí para ver todas las fotos de este evento.

Orgullo latino, orgullo filipino

Creado por Ismaél Arés Musñgi-Andrés.
Soy asiático latino, lleno de orgullo filipino. Español es mi lenguaje. Hablo con Dios por medio de la Cruz que fue traída aquí por Fernando Magallanes. Y la historia de mi país (bajo de Madre España) es la raíz de mi identidad. Soy asiático latino, lleno de orgullo filipino. He dicho.

¡Feliz día de la Hispanidad!

domingo, enero 01, 2012

¡Feliz Año 2012 (quinto aniversario de ALAS FILIPINAS)!

Foto cortesía de Nuestro Planeta Azul.

¡Feliz Año a todos ustedes¡ ¡Y feliz quinto aniversario también a esta bitácora, la primera blog castellano en Filipinas!

A todos los seguidores (incluso a críticos) de ALAS FILIPINAS así como FILIPINO eSCRIBBLES, mil gracias por leer mis pensamientos sobre varios temas. Gracias por el apoyo. Lo siento si no he contestado todos sus comentarios y cartas a mí. Es que estoy muy ocupado con mi vida afuera del internet. Pero la verdad es los leo cada uno.

Y para celebrar el quinto aniversario de este blog, les presento a ustedes este poema maravilloso, un tesoro en letras de Hispanidad, de Manuel Bernabé (1890-1960), uno de los poetas más destacados en la Literatura Filipina. El título de esta obra es Filipinas A España, y la he elegido porque representa el alma y las metas y aspiraciones de ALAS FILIPINAS: para que mis paisanos puedan darse cuenta del hecho que la identidad filipina existe y es parte del mundo hispánico...

Mi paisano, Manuel Bernabé de Parañaque.

FILIPINAS A ESPAÑA
—Manuel Bernabé—


I

La dulce Hija, postrándose de hinojos,
dice a la Madre, a tiempo que sus ojos
leve cendal de lágrimas empaña:
— Dios ha dispuesto el término del plazo,
y ya es la hora de romper el lazo
que nos unió tres siglos, ¡Madre España! —

II

¡Madre, sí, madre! Sobre mi haz tendido
va fermentando el anhelar dormido
y el germen abonado se agiganta;
la gratitud es flor del alma mía,
y no muere la clásica hidalguía
donde se irgue tu cruz, tres veces santa.

III

Puede venir el águila altanera
y hundir el corvo pico en la bandera
de gualda y oro, que nos da alegría;
podrán poner a mi garganta un nudo,
que cuando el labio se retuerza mudo,
irá a gritar el alma: “¡Madre mía!”

IV

¡Dichoso instante aquél que vió a las olas
dialogar con las naves españolas,
llevando a Limasawa a Magallanes!
De entonces a hoy, portentos mil se han visto,
y es que el poder de España arraiga en Cristo,
manso y sin hiel, multiplicando panes.

V

Soberbio es tu ideal, como tu gloria.
Largos siglos ataste a la victoria
al carro de tu funesta monarquía.
¿Cómo no amar tu gesta no igualada,
si en las fronteras que humilló tu espada,
el gran disco del sol no se ponía?

VI

Más, no es la espada omnipotente sólo
la que al brillar del uno al otro polo,
obró cien maravillas en el llano:
es la esencia vital de las Españas,
que al invadir palacios y cabañas,
presto eficacia al ideal cristiano;

VII

Quien empuñó con varonil denuedo,
en los tiempos de Lope y de Quevedo,
‹‹el cetro de oro y el blasón divino››;
quien sembró de fe en la individual conciencia
decoro en la mujer, que es otra herencia,
luz en las mentes y oro en el camino;

VIII

La que duerme arrullada por el cántico
de las ingentes olas del Atlántico;
la que empujó a Colón hasta la entraña
del mundo nuevo, que copió su hechura;
la que llevó a los pueblos fe y cultura
y auras de libertad… Esa es España.

IX

España, la invencible soñadora,
que monta rocinantes a deshora,
los toros lidia, viste la mantilla,
ama la jota y al danzón se entrega,
más cuyo acero no es una hoz que siega,
sino arado que pone la semilla;

X

La patria de la vid y la verbena,
que fía a la guitarra su honda pena,
dominadora de la Argel moruna;
la que las tierras incas civiliza,
hidalgo pueblo, de otros cien nodriza,
única madre que meció mi cuna.

XI

Los claustros de tus Cuevas y tus Prados
noche y día miráronse atestados
de hijos nativos del saber amantes;
hiciste héroes y armaste caballeros,
y aún late en el cantar de mis troveros
la dulcísima lengua de Cervantes.

XII

¡Oh, rica fabla espiritual! Simula
cordaje de una citara que ondula,
— es blanda arcilla y música ese idioma, —
claro choque de perlas y corales,
remedo de los coros celestiales
que de Dios mismo su raigambre toma.

XIII

Si lloro, se unifica con mi llanto,
impregna hasta el cundiman cuando canto,
y es en la liza imprecación y alerta.
Podrán hurtarme mis veneros de oro;
pero, al perder tan singular tesoro,
es que habré sido traicionado, y muerta.

XIV

Rizal, Mabini, del Rosario, y Luna,
son vástagos comunes. La fortuna
dejó en su frente un evangelio escrito.
Si yo les di mi maternal entraña,
no empresa mía fué, sino de España,
fundir el alma en su troquel bendito,

XV

La Cruz de Arrechedera y Urdaneta
está en mis cielos, tabla es que sujeta,
cuando zozobra, al bien; porque a despecho
de las más encontradas ambiciones,
tu religión, tu fe, tus tradiciones,
han abrigo recóndito en mi pecho.

XVI

En el curso del tiempo, desenvuelto,
tú, España, volverás, —¿qué amor no ha vuelto?—
presa en la red del propio bien perdido:
serás un ave, enferma de añoranza,
que va a volar cuando la noche avanza,
en dirección al solitario nido…

XVII

Si están ahitos de llorar tus ojos,
y en otros días te causara enojos,
la era de paz y de perdón se inicie.
¡Oh, qué mejor que tras la despedida,
seamos como el agua, en dos partida,
que se torna a juntar en la planicie!

XVIII

…Mientras la vista atónita vislumbra
la luz de redención en la penumbra,
e hijos del alma apréstanse a las lides;
¡vé, Madre! y digan valles y colinas;
‹‹¡Gloria a la Madre España en Filipinas!
¡Loor eterno a tí! Tú, no me olvides.››


Una vez más, un feliz y próspero 2012 a todos nosotros. Que todos aprendamos de nuestros errores del pasado año. ¡Es la hora difundir el amor a todo el mundo! Y que el Señor Dios nos bendiga y guíe siempre, hacia su reino eterno en el cielo. Amen. =)

sábado, noviembre 19, 2011

Entrevista al académico y escritor filipino, Macario Ofilada


Foto del Sr. Ofilada, tomada el mes pasado.

Macario Ofilada y Mina (Manila, 1971) es una figura de primer nivel de la cultura filipina.

Es hispanista, estudioso de filosofía y teología, profesor y escritor. Se formó en la Universidad de Santo Tomás de Manila y consiguió un doctorado en filosofía, con matrícula de honor, en la Universidad de Salamanca.

Numerosos son sus títulos: libros, ensayos, artículos y colaboraciones tanto en inglés como en español; siendo especialista de Juan de la Cruz ha publicado el precioso libro San Juan de la Cruz: el sentido experiencial del conocimiento de Dios (Burgos, Monte Carmelo, 2002). Otras publicaciones de tema filosófico son Experience, reality and beauty: from the aesthetics of ontology to the mystagogy of art in metaphysics (UST Press, 2002) y Augustinus, Homo Religiosus: explorations on man's religious & philosophical search (San Agustín Museum, 2005). Al mismo tiempo se ha ocupado de temas filipinos, suyo es el libro Errante golondrina (2003), una bien documentada biografía sobre Josephine Bracken, prometida y secreta esposa del escritor y patriota José Rizal y antepasada del mismo Ofilada; también ha colaborado, entre otros, en la publicación del magnífico libro Fabián de la Rosa and his times (J. B. Vargas Museum, 2007), coordinado por Ana Labrador. Personalidad intelectual relevante de Filipinas, Ofilada ha recibido varios reconocimientos internacionales. Es el miembro más joven de la Academia Filipina de la Lengua. Actualmente reside en Manila y es profesor en el Instituto Cervantes y en otros centros docentes.

Hace poco, Macario Ofilada III nos ha concedido esta entrevista.

AG: Ante todo, quiero agradecerle la disponibilidad por esta entrevista.

Siendo usted miembro de la Academia Filipina, empezaría con una pregunta sobre el castellano en su país. En diciembre de 2007 vuestra presidenta, la sra. Gloria M. Arroyo (que también es miembro de la citada academia), anunció, en Madrid, que en Filipinas se volverá a instaurar la enseñanza obligatoria del español y en su discurso enfatizó el legado común que los filipinos compartís con las demás naciones de habla castellana. Esta idea de reestablecer un papel semi-oficial para el idioma español (como era antes de 1986) y de fomentar el estudio y difusión del mismo, ¿le parece oportuna y factible? ¿Cuáles son las razones que han permitido que se abandonara el español en los años ochenta y cuáles las que ahora provocarían el efecto contrario?

MO: Yo creo que sí, se puede hacer pero no sin mucha dificultad. Y desde luego me parece oportuno. Para mí, el español no debería considerarse una lengua extranjera para los filipinos. El español lo aprendí en casa antes de empezar con el tagalo. Por así decirlo “mamé” en español, gracias sobre todo a mi familia, a la rama materna. No podría comprenderse el alma filipina sin la herencia española. De hecho, me atrevería a decir, un tercio del alma filipina es española. No podemos negar la facticidad histórica. Pero, repito, no va a ser fácil. Hay que tener en cuenta que el español, en Filipinas, nunca ha llegado a ser idioma del pueblo. Los misioneros adoptaron otra metodología: la de aprender las lenguas indígenas. Así se redactaron las primeras gramáticas y los primeros diccionarios de las lenguas filipinas. Y, desafortunadamente, desde aquellos años gloriosos de nacionalismo del siglo XIX, el español se ha identificado como lengua de las clases dirigentes, de los colonizadores, de los frailes que colaboraron con las autoridades civiles en la represión de los indígenas. Por así decirlo el español tuvo mala prensa. Sin embargo, los filipinos en su mayoría, pese a su ignorancia del español o a su aversión a la lengua por ser idioma de los colonizadores, siempre han tenido fascinación por el español. En un país pobre, donde perviven las clases sociales prehispánicas e hispanas, muchos quieren “trepar”; muchos quieren identificarse con la nobleza o la clase alta. El filipino quiere “subir” o “trepar”, esto es, presumir de su sangre española a la vez afirmando que los españoles hicieron incontables maldades o atrocidades durante los cuatro siglos de colonización inmortalizadas sobre todo por las novelas de Rizal, Noli Me Tangere y El Filibusterismo, ambas escritas en español, la lengua franca de la clase media o de la clase intelectual de entonces. Creo que hay una actitud ambivalente con respecto al español. En realidad, el abandono del español comenzó en la década de los 70 con la constitución promulgada por Marcos. Yo creo que esto se debió a razones más bien pragmáticas. El español prácticamente ya había desaparecido y Marcos quería reinventarse o recrearse (y recrear el país) conforme al modelo de la realeza prehispánica (los “Maharlika”). Por eso, desató un proceso de nacionalismo anclado en esta fascinación con el fin pragmático de justificar su régimen. Este proceso de auto-recreación del pueblo continuó en 1986, con la revolución que expulsó a Marcos, y con la constitución promulgada por Aquino en 1987. Los filipinos seguimos con este proceso de descubrir el meollo de nuestra identidad, a la vez nos auto-recreamos, frente a los nuevos retos de globalización, en los que reconocemos, por fin, las ventajas, otra vez pragmáticas o económicas, de aprender el español.

AG: Aunque hoy en día el español se promueva principalmente por razones económicas, ¿piensa usted que el mundo intelectual filipino se da cuenta de la importancia de lo hispano en vuestra cultura e historia? ¿Lo sabe valorar y promocionar y es capaz de sensibilizar la pública opinión sobre este aspecto de vuestra cultura o en cambio sigue siendo un tema totalmente marginal dentro del debate cultural filipino?

MO: Los intelectuales filipinos siempre han tenido en cuenta la importancia de lo hispano. De ello, no cabe duda. Sería otro cantar decir que siempre lo han reconocido explícitamente. Desde siempre, los intelectuales han valorado el español, incluso hasta el punto de estudiarlo o fingir que son descendientes de mestizos de español o que lo hablaban antes en sus domicilios, pero gracias a la formación gringa ya lo han olvidado. Estas excusas me parecen propias de trepadores o mentirosos, que abundan en este país (y que Rizal inmortalizó con el personaje de Dª. Victorina de Espadaña), pero forman parte de lo que yo he denominado “proceso de auto-recreación” dentro del contexto largo y fatigoso de la búsqueda de la identidad nacional.

Sin embargo, la clase intelectual aquí en Filipinas siempre ha sido la “elite”. No son la masa. Aquí yo creo en la tesis orteguiana de la “Rebelión de las Masas” o por lo menos en sus principios básicos. La clase intelectual apenas logra influir al pueblo. Los pocos que verdaderamente saben español entre ellos, que yo sepa, no se han interesado por difundir el español. El español era sólo para ellos. No han deseado que las masas sean “one of us” con la difusión del español. Incluso el Premio Zóbel o la fundación de la Academia Filipina de la Lengua originalmente no eran organismos para el pueblo. Desde su creación, siempre han sido para un grupo exclusivo o selecto, aunque uno de sus ganadores fue el muy “socialista” Blas Ople, Ministro de Trabajo en tiempos de Marcos que no sabía español. Yo le tengo mucho respeto, pero dejó de ser el laborista idealista de antes.

Pero todo esto puede cambiar. De hecho, ya ha habido cambios. Soy optimista al respecto ya que varios de los académicos son también profesores de la lengua española y están en la vanguardia de la difusión del español. Pero la percepción general es que el español es para la elite. Esto es difícil de cambiar. Muchos de mis estudiantes lo estudian porque quieren formar parte de dicha elite.

AG: Como bien acaba de mencionar, una de las instituciones cuya función es el amparo y promoción del idioma, es la Academia Filipina de la Lengua Española. ¿Cuáles son las iniciativas de estudio, investigación, promoción y divulgación de la cultura hispanofilipina, entendida tanto como patrimonio lingüístico, cuanto como corpus literario, que dicha academia pone en acción? ¿Lo que se hace le parece adecuado? y si no, ¿cuáles serían sus propuestas?

MO: Hasta hace poco la academia ha sido un club de intelectuales, de familias bien o de ascendencia española, sin mucha preocupación por la promoción o divulgación de lo hispánico. En su época gloriosa se produjo un cuerpo de obras literarias de alta calidad, pero no era literatura para las masas. Entonces, había pocos profesores de español en la academia. Ahora, más de la mitad son profesores o docentes. Y creo que es ahí donde puede comenzar un giro copernicano. La academia va a ser ahora una academia de pedagogos, de iniciadores, de divulgadores aunque sigue habiendo especialistas de disciplinas “elitistas” como la filosofía, la literatura, las ciencias económicas, la historia, etc. En otras palabras, la academia, a mi entender, se está convirtiendo en un organismo pedagógico aportando nuevos puntos de vista desde los que puede reevaluarse la situación de la lengua española por estos pagos. Con esta nueva perspectiva, muchas cosas podrán llevarse a cabo. Ahora es preciso también tomar medidas concretas. Una de ellas es buscar subvenciones, pues por mucha buena intención que tengas si no recibes apoyo económico estás condenado al fracaso.

AG: Otra institución que nombró antes y que promueve la cultura hispánica entendida como legado autóctono y propio de vuestro pasado es el Premio Zóbel, el premio literario más antiguo del país. Es una institución privada y, como dice usted, se caracterizó por cierto elitismo; sin embargo, ¿piensa usted que puede absolver un papel importante en este proceso de redescubrimiento de la cultura filipina?

MO: Por supuesto. Pero el Premio Zóbel ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Precisemos. De premio literario se ha convertido en premio de hispanidad. Actualmente dista mucho de su intención original. El hecho de que ganara un hombre de letras sin ninguna publicación en español como Blas Ople deja patente esto; o que una ilustre embajadora filipina, con raíces filhispanas, hubiera ganado el premio sin ninguna publicación en español. Esto no era lo que llaman en latín la intentio auctoris. Los tiempos cambian. Hace un par de años, salió un estudio histórico competente sobre este premio, cuya historia está vinculada a la Academia Filipina. Esta obra traza en líneas generales, con tonos siempre positivos y a veces no del todo claros, la evolución del premio. Yo creo que el Premio Zóbel tiene que redefinirse o, mejor dicho, aclararse y despertarse de un letargo bastante largo. Además, es un premio controlado por una familia, identificada con la elite y muy alejada de las masas. Esto hay que reconocerlo. Para un filipino típico, los Zóbel y Ayala son nuestra versión de la familia real española. Hasta ahora se les llama a distinguidos miembros de esta familia con el apelativo respetuoso de “Don” o “Doña” y el filipino típico no sabe que no hace falta ser muy rico para que te llamen “Don” o “Doña”. En español “Don” y “Doña” tienen otro significado. Incluso el pastor de cabras en Calvarrasa de Abajo en Salamanca es un “Don” en cualquier documento legal en el que aparezca su nombre, o el pobre párroco de Caen en los Picos de Europa en León, quien jugaba al parchís con los pastores y agricultores después de comer, era un “Don”. Aunque no soy rico, en español, soy “Don Macario”. Cuando leí la tesis en Salamanca el presidente del tribunal me llamaba “Don Macario” y me hablaba de “usted” y yo también a él durante aquellas cuatro horas que me parecían interminables. Mi título de doctor o de académico de la Academia Filipina lo certifican. En cambio, aquí en Filipinas el uso es distinto. Para el filipino típico lo hispánico es elitista de tal manera que los títulos españoles de cortesía como “Señor” o “Don” aquí sólo se emplean para la elite. No hay manera de cambiar la situación.

AG: El Zóbel surgió y prosperó como premio literario, y como bien afirmó, ha ido perdiendo su caracterización de premio literario. A propósito de las letras hispanofilipinas, después de décadas de un progresivo languidecer que presumía la definitiva muerte, hay que reconocer que actualmente se registran pequeñas señales de vitalidad y renovado interés; esto ocurre justo cuando ya casi no existe una minoría hispanohablante como, diversamente, existía en los 50 y 60. ¿Cómo interpretaría usted esta nueva sensibilidad?

MO: Como ya he dicho, todo eso se debe a esa ambivalencia frente al español. Esta ambivalencia, particularmente con la polarización elite-masa en este país del tercer mundo, pervive. Y gracias, sobre todo, al romanticismo inherente de los filipinos. Nosotros soñamos con los tiempos antiguos, cuando se vivía mejor… en 1986 muchos condenaron a Marcos pero ahora muchos añoran aquellos años de la ley marcial. En 2001 muchos condenaron al entonces presidente Estrada pero con este gobierno que tenemos, muchos añoran esos años. Los filipinos añoramos mucho y es inevitable que nos topemos con lo hispánico en nuestros ensueños utópicos. No se puede negar que los colonizadores españoles nos dieron el sentido de ser un pueblo distinto con una historia en el sentido dinámico. La historia filipina comenzó con la división entre lo prehispánico y lo hispánico. Para mí, lo hispánico supuso la conciencia colectiva de ser una nación con un destino, con muchos retos.

AG: Esta vitalidad de la creación literaria en lengua castellana presenta otro aspecto curioso, muchos de los no numerosos autores que, como usted, cultivan las letras en castellano, aunque vinculados a Filipinas, viven fuera y casi les podríamos definir plumas de la “diáspora”. Autores como Edmundo Farolán Romero, Elizabeth Medina, Edwin Agustín Lozada y Paulina Constancia, han vivido o siguen viviendo en países anglohablantes, sin embargo, curiosamente privilegian la lengua castellana para su expresión artística, ¿cómo explicaría este curioso fenómeno?

MO: Hay un dicho en inglés que más o menos suena en castellano así: “puedes quitar al hombre de su pueblo pero no puedes quitarle el pueblo al hombre”. Además la distancia favorece la objetividad y sobre todo el romanticismo, la añoranza inherente de los filipinos, el deseo utópico, la búsqueda del paraíso perdido o, como dijera Rizal, “nuestro perdido edén”. Rizal, bajo España, añoraba la Filipinas de los tiempos pasados y no de ese período decadente del imperio español que le tocó vivir. A esa generación de Rizal, formada por hombres excepcionales que bebieron de lo hispánico para forjar la primera fase del nacionalismo filipino, le tocó vivir los últimos años del imperio español que, como Roma en su día, estaba ya para caerse. A la vez, cabe recordar a la generación del 98 de pensadores españoles. Éstos coincidían con nuestros nacionalistas del siglo XIX.

AG: Enfocando este tema de la herencia hispánica desde un punto de vista más personal, volvería a lo del principio y quisiera preguntarle algo más sobre la costumbre familiar de hablar el castellano en su hogar.

MO: Como ya queda dicho, aprendí el castellano en casa. Yo sigo hablando con mis tíos en español. Pero mis primos, quienes habían comenzado a hablar en castellano, no lo hablan. Digamos que “Soy el último de Filipinas”, séame permitido emplear el título de una película conocida. Estas nuevas generaciones o estos nuevos profesores de español, muchos de los cuales han llegado a tener un dominio excelente del mismo, ya hablan un español importado. No es el español de estos pagos, cuya raíz era el asentamiento definitivo de los españoles con el Adelantado Miguel López de Legazpi.

AG: Algunas de sus publicaciones están escritas en español evidentemente por razones editoriales y temáticas (como en el caso de los estudios sobre Juan de la Cruz). Sin embargo, usted publicó en español algún – a mi juicio, precioso – poema en castellano y sé que usted tiene en el cajón mucho que merecería salir a la luz. ¿Qué rol y espacio tiene la lengua española en su escritura? ¿Cuáles son los valores sentimentales, afectivos, espirituales que reconoce en esta lengua como para justificar la creación literaria?

MO: Muchas gracias por tus palabras acerca de mi obra poética no muy extendida. Todos mis poemas, incluso los que yo escribí en ingles, fueron pensados primero en español. Por eso puedo decirte sin rubor que todos tienen alma española. Es un reconocimiento de mis orígenes. Yo soy filipino, pero con un tercio del alma que es español. No el español del siglo XX, pero tal vez del siglo XIX, en estas islas, pues yo viví esta cultura que se llama cultura “fil-hispana”. Mejor dicho, soy filhispano. Es ésta la raíz de mi ser de la que ha brotado un vástago complejo adquiriendo muchos registros culturales desde fuera (sobre todo desde la cultura norteamericana) en un diálogo continuo (o incluso dialéctica interminable) con lo prehispánico que pervive envuelto en lo hispánico del siglo XIX. Yo creo que todo esto también se debe a mi espiritualidad personal. Yo rezo en castellano. Hablo con Dios en castellano, a veces en tagalo y sólo le hablo a Dios en inglés en misa o en público. Pero mi coloquio íntimo con Dios siempre es en castellano o en latín. El latín es otra cosa. Lo practico para no olvidarlo. Rezo en castellano para no olvidarme, para no olvidar quién soy yo.

AG: Usted en sus libros se ha ocupado del tema de la cultura filipina entre los siglos XIX y XX como por ejemplo en Errante golondrina o en el libro, a cargo de Ana Labrador, dedicado al pintor filipino Fabián de la Rosa. Tengo la impresión de que hoy en día le falta a la mayoría de sus connacionales (y, por supuesto, me refiero a los que tienen instrucción) una perspectiva histórica que sepa ver, reconocer como propios y apreciar los vestigios (artísticos, literarios, arquitectónicos, etc.) de su reciente pasado, ¿comparte usted esta impresión? ¿Y cómo explicaría esta aptitud de aparente indiferencia?

MO: Estoy totalmente de acuerdo contigo si bien matizaría algunas de tus afirmaciones. Otra vez, volvemos a esa ambivalencia ya mencionada. Muchos historiadores filipinos, por ejemplo, saben que el español es imprescindible para estudiar la historia e identidad filipinas. Yo conozco a muchos de éstos que sólo son capaces de hablar tres o cuatro frases y se acabó. Ellos, en general, tienen una actitud demasiado crítica respecto a la herencia española pero tampoco pueden soslayarla. Por eso, pontifican. Quieren aparentar ser conocedores de lo hispánico aunque no lo son (o por lo menos saben cuatro frases). Quieren justificar su actitud y a la vez esconder sus carencias. Igualmente, aunque no lo quieran reconocer, les fascina lo hispánico. También reconocen que con su falta de formación no pueden penetrar en lo hispánico como los estudiosos que saben español. Siempre escribirán sus historias “desde fuera”, nunca “desde dentro” fingiendo que tienen acceso a lo interior de lo hispánico. Y no lo tienen. No es fácil dar una respuesta nítida a tu pregunta importantísima. Yo por lo menos puedo aludir a esta ambivalencia que tal vez pueda proporcionarnos claves para esclarecer el sentido de la situación que tú describes. De momento, podemos decir, sin titubeos, que la aparente indiferencia es la momentánea resolución o síntesis de las dos antítesis que componen la ambivalencia filipina con respecto a lo hispánico.

AG: Para terminar, y agradeciéndole su amabilidad, no puedo no preguntarle cuáles son sus futuros proyectos y si saldrá pronto un nuevo libro.

MO: Personalmente, prefiero callarme sobre mis futuros proyectos. Desde luego, se necesitarán tiempo, energía y musa. Para derramar ríos de tinta, son necesarios estos tres elementos. El tiempo y la energía se buscan en la soledad y en el descanso, luchando con delirio contra la inevitable caducidad. Pero no se busca a la musa. Ésta te viene, te visita de noche. Para mí, todos mis libros y escritos son noches oscuras interminables. Por eso, me callo. Los guardo bajo la oscuridad. Por sí mismas, contando con la misericordia de Dios, mis noches revelan su verdadera dimensión: una luz oculta en su deponencia hacia los otros en el silencio compartido en la oscuridad.


Andrea Gallo (Venezia, 1974). Licenciado y doctorado por la Università Ca' Foscari de Venecia, DEA de la Universidad de Valladolid, Doctorando de la Universidad de Sevilla. Ha publicado en Rassegna Iberistica, Annali di Ca' Foscari, Cuaderno Internacional de Estudios Humanísticos y Literatura, Humanities, Critica letteraria, Otto/Novecento, Archivi del Nuovo, Forum Italicum, Studi Medievali e Moderni, Tonos Digital, Revista Filipina, www.escritorasypensadoras.es.

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Este artículo fue publicado por primera vez en el sitio web Destiempos. Fue compartido a mi en Facebook por mi amigo Juan Luis García.

martes, enero 25, 2011

Carta abierta a mis compañeros

LA HERENCIA FILIPINA (¡BIENVENIDO, JUAN LUIS GARCÍA Y PÍO ANDRADE!)
Tuesday, January 25, 2011 2:45 PM
From: "José Mario Alas" <*******@rizal.com>
To: "Juan Luis García" <*******@magallanes.com>, "Señor Guillermo Gómez Rivera" <*******@legazpi.com>, "Arnaldo Arnáiz" <*******@deanda.com>, "José Miguel García" <*******@luna.com>, " Jr.Pío Andrade" <*******@delpilar.com>
Cc: "Santos Trangía" <*******@hidalgo.com>



Buenas tardes caballeros,

Se ha observado que muchos de los artículos de nuestro amigo en línea, Juan Luis García de España, han sido un gran apoyo a nuestro pequeño círculo de Filipinistas / Hispanistas. En este sentido, me gustaría que todos nosotros darle la bienvenida a nuestra camarilla en línea. ¡Y vamos a saludar también su blog se llama VIAJAR EN FILIPINAS porque hoy se celebra su primer aniversario!

¡Felicitaciones, Juanlu! Y gracias por el amor que tiene para nuestra patria adorada. =)

Estoy muy feliz, también, que el historiador erudito y astuto, Pío Andrade, Hijo, ha acordado unirse a nosotros. Es un gran honor de un gran filipino. ¡Me falta las palabras adecuadas debido a la admiración y la emoción!

Con nuestro grupo sencillo, se puede decir con verdad que no todos los filipinos están dormidos en esta hora de gran oscuridad, ignorancia, apatía, y mentiras.

Pronto, este websitio de nuestro se pondrá en marcha (ojalá este marzo o abril, o más temprano), gracias al Señor Santos Trangía, un diseñador de páginas de web. Todos debemos contribuir a este websitio con el fin de alcanzar mucho éxito. Ya que todos compartimos las mismas opiniones respecto a la historia de Filipinas así como la identidad de nuestro pueblo, nuestros escritos juntos crecerá como una bola de nieve, una fuerza gigantesca que aplastará a nuestros enemigos hispanofóbicas entre nosotros.

Señores, la batalla contra la leyenda negra se encuentra ahora en pleno apogeo aquí en el Internet — ya no es solo en la impresión. La red de redes mundial será el Armagedón para la defensa del cosmos filipino. Ya no es suficiente para escribir libros, artículos académicos, y mantener nuestra bitácoras respectivas. Este websitio que vamos a lanzar le haga temblar a los enemigos más grandes con mucho miedo.

Nosotros jamás será vencido, porque nuestro poder es LA VERDAD, y el SEÑOR DIOS está con nosotros en esta lucha noble. Esta lucha no es sólo para la historia de nuestro pueblo, nuestra cultura, nuestra autosuficiencia, nuestra dignidad, y nuestra identidad sino para la mayor gloria de NUESTRO DIOS TODOPODEROSO.

Y ahora que somos muchos y unidos, nunca puede ser destruida. Como dicen siempre en inglés, "there is always strength in numbers".

¡Abrazos a todos!

¡VIVA NUESTRA PATRIA FILIPINA!

José Mario "Pepe" Alas

lunes, diciembre 14, 2009

Hispanidad

Soneto
HISPANIDAD
Hilario Ziálcita y Legarda


¿Qué nos vincula con Madre España
que nos ama a sus hijos en verdad?
¿Qué es lo que nos atrae con fuerza extraña
a sus pueblos con lazos de hermandad?

¿Qué valores tenemos de su cultura,
su cristiana tradición, ferviente fe,
su romántica lengua, su soltura,
castellana elegancia que heredé?

Por tu vuelta al mundo, la primera
en tu viaje atrevida de exploración,
Filipinas descubres por vez primera

Mereciendo del mundo su admiración...
Ella de tus encantos la heredera
te agradece con todo el corazón.

Manila, junio de 1999


De izquierda a derecha: el poeta Edwin Lozada, Hilario Ziálcita y Legarda, y Javier Galván (ex-Director del Instituto Cervantes de Manila). La foto fue sacado en 27 de junio de 2002 en Casino Español, Ermita, Manila.

Desde joven, Hilario Ziálcita y Legarda (nacido en 1913) escribía versos en español y los publicó en periódicos en español desde el año 1930. Aunque quería seguir una carrera poética, cursó medicina. Terminó los estudios secundarios en el Ateneo de Manila y los estudios en medicina en la Universidad de Santo Tomás. Después de la liberación de Filipinas en 1945 estudió cursos avanzados en radiología en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor E.E.U.U.

Fue jefe de radiología en el hospital de las fuerzas armadas americanas en Fort McKinley en 1949-50 y en la Oficina Administrativa de Veteranos de los E.E.U.U. hasta 1959 y en el Hospital General Chino. Con el Doctor Paterno Chikiamco, organizó la Sociedad Filipina de Radiología. Fue elegido presidente por algún tiempo. Volvió a los E.E.U.U. en 1986 y trabajó por las fuerzas armadas americanas, por último como jefe en Fort McPherson, en Georgia hasta cuando se jubiló en 1993.

A pesar de su carrera muy ocupada, cursó estudios en español en San Juan de Letrán y en inglés en el Ateneo de Manila antes de ir a los E.E.U.U. Después de jubilarse de su carrera medicina, volvió a su primer amor, escribir versos en español.

De su libro bilingüe, La Nao De Manila y Demás Poesías, publicó por Caridad Z. Sevilla, impreso por Eres Printing Corporation, 2004)

¡Hagan de clic aquí para leer la versión inglesa de este artículo!